El laberinto de la sangre

Ni derechos humanos, ni justicia, ni Policía, ni políticos, nadie detiene la hemorragia de una sociedad amasada a golpes por mil sufrimientos. La anestesia es total. Ya no duele la herida. No se oye el grito divino, y si se oye, es con sordina: "Te pediré cuenta de la sangre de tu hermano". La sangre de animales al menos sirve para embutidos; la humana, en cambio, se utiliza perversamente para saciar la sed enfermiza de Edipos acorralados que matan a su padre, a su madre, a sus hermanos y a sí mismos.




“El Arca” de Jean Vanier

He creído oportuno ahora que estamos próximos a la Semana Santa, cuando la fe cristiana se extiende por todo el mundo que la celebran no por la globalización, sino que por tradición religiosa, hacer este relato sobre una comunidad internacional que funciona en los cinco continentes, a través de 134 países, entre ellos Honduras, en 1,500 comunidades denominadas "El Arca". Se encargan de acoger a personas que sufren un "hándicap" mental y que son, por tal motivo, inicuamente rechazadas por una sociedad cada vez más carente de valores.




Cazador cazado

Cada día la Policía ve cuesta arriba la lucha contra la delincuencia. Los crímenes cometidos con saña se han multiplicado en el último mes, causando una justa sensación de repudio, temor y desconfianza en los cuerpos policiales. Éstos justifican sus fallas en la falta de agentes y equipo, una melodía que venimos escuchando desde hace muchos años.




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