Estados Unidos
Aunque ha llegado a alternar en Estados Unidos con artistas de la talla de José José y Celia Cruz, a Pedro Espinal no se le olvidan aquellos años de su infancia cuando dormía en una bodeguita de LA PRENSA para ser el primer canillita en obtener, al amanecer, los ejemplares del diario líder.
Después de ser vendedor de periódicos en las calles de San Pedro Sula, hizo zapatos y cargaba los instrumentos de algunos conjuntos musicales con la esperanza que le dieran una oportunidad de ponerse a prueba como cantante.
Su padre, quien fabricaba guitarras en Langue, Valle, no le dejó fortuna pero le heredó esa pasión por la música con la que ahora se defiende en Las Vegas, Estados Unidos, donde es conocido con el nombre artístico de Peter Spinall.
Ahora que tiene la nacionalidad estadounidense, el artista regresa cada año a su Patria para estar con los suyos y animar la presentación de candidatas a Miss Puerto Cortés.
Compositor
Con Espinal no va el dicho “Zapatero a tus zapatos” pues, siendo zapatero también ha pegado como artista en un medio difícil de conquistar como el de “la ciudad del pecado”.
No fue fácil. De joven andaba detrás de los integrantes del Grupo H, que después se convirtió en la Banda Blanca, para que lo dejaran cantar la canción Gloria que era la que mejor interpretaba, hasta que le concedieron el deseo.
Por ese tiempo compuso “Sopa de frijoles”, pero fueron otros los que se llevaron los laureles de su éxito porque con engaño se la quitaron para ir a grabarla a Guatemala, asegura.
También hizo la melodía “Camotillo punta” como homenaje póstumo a su amigo, el animador de espectáculos públicos Óscar Cobos, una de las primeras víctimas del vih Sida en San Pedro Sula. Como no se sabía mucho de esa enfermedad en aquel tiempo, la gente decía que a Oscar Cobos le habían dado camotillo. De allí el nombre de la composición.
Durmió en los parques
Dice Espinal que “los caminos de la vida fueron duros”. Durante el día en San Pedro Sula se dedicaba a trabajar en el taller de zapatería que tenía en el barrio Medina, por la tarde recibía clases de inglés en el Centro Cultural Sampedrano y en la noche cantaba en el “Night club Virrey”, que era por ese entonces la atracción de los trasnochadores en la avenida Nueva Orleáns.
Las cosas no le iban tan mal hasta que le cayó el tuerce.
Se le quemó la zapatería que era su mayor fuente de ingresos y aunque quiso reponerse ya no pudo, pues era como comenzar de cero. “Me vi de repente sin mi taller y sin carro, por lo que decidí irme para EUA mojado como el pescadito, con el compromiso de volver por mis hijos”.
Como todo inmigrante se las vio a palitos en el gran país del norte. “Me tocaba dormir en los parques pero eso no me desanimaba. Había dicho que no regresaría a mi país con las manos vacías”.
Hubo ocasiones en que iba a cuidar perros o a lavar carros, pero en una de esas se encontró con el cantante salvadoreño Álvaro Torres, quien le tendió la mano y lo presentó en uno de sus shows. Así se ha ido abriendo camino, actuando incluso en el famoso circo Ataide, en el que difícilmente emplean a un artista que no sea mexicano, si no tiene talento.
Espinal se siente orgulloso de haber abierto el espectáculo a artistas como Los Bukys y el cómico Luis de Alba, en lujosos hoteles de Las Vegas.
Ya no pide un chance
Recuerda que cierta vez que alternó con la fallecida guarachera Celia Cruz, se le acercó una norteamericana para pedirle un autógrafo.
“Ni corto ni perezoso, no solamente le di mi firma sino que también mi número de teléfono. Así comenzó una relación que terminó en matrimonio”.
Sin embargo, aquel enlace fue un fracaso. Ella se había casado creyendo que el hondureño era millonario, pues lo había visto bajarse de la limusina de Celia Cruz. Además, allá los artistas tienen fama de ganar mucho dinero, comentó.
“Yo vivía en Beverly Hills, donde viven los ricos, pero no tenía una residencia como ellos, sino una remendona de zapatos. Eso yo se lo expliqué, pero ella no me entendió”.
La decepción más grande se la llevó la norteamericana cuando vino a Honduras y Espinal la llevó a El Ocotillo, donde vivía uno de sus hijos. ‘Oh Peter, tu familia es mucho pobre’, le comentó la gringa. Pero el mayor problema es que ella quería tenerlo en la palma de su mano, por lo que finalmente el hondureño rompió la soga para luego casarse con la colombiana con la que actualmente vive.
Peter Spinall, no se considera todavía una estrella, aunque ha grabado unos 20 discos, pues continúa de segundón en los shows de los famosos. Sin embargo, es afortunado porque logró legalizar en Norteamérica la residencia de los hijos que procreó en Honduras. Se siente satisfecho además de que al menos cuando viene a Honduras, ya no tiene que rogar a los conjuntos para que le den chance. Ellos son ahora los que le piden al antiguo zapatero de Medina, que los acompañe en sus presentaciones.