Honduras
Más de medio siglo juntos y el brillo de sus miradas transmite una felicidad como la de cualquier pareja de enamorados en plena juventud.
Don José Alejandro Orellana, de 76 años, y doña Raquel González García, 75, son prueba viviente de que el amor es duradero y que un hombre y una mujer pueden permanecer juntos hasta que la muerte los separe.
Son 53 años de matrimonio, 10 hijos y 47 nietos que dan prueba de esa unión que todos en la familia gozan e imitan.
Los nietos presumen del amor de los abuelos y uno de ellos subió una foto a la página de Facebook de LA PRENSA para que concursaran en “Mi San Valentín”, donde más de cien parejas han compartido sus fotografías para obtener el visto bueno de los seguidores. El ejemplo matrimonial ha despertado la admiración de centenares de internautas; alejados de Internet, desconocían los múltiples halagos de que eran objeto hasta que una nieta le contó a don José que estaba concursando. Al leer, el abuelito confesó que no pudo evitar que sus ojos se llenaran de llanto.
Como un niño emocionado fue a contarle a su amada y ambos hablaron de los secretos para permanecer juntos.
Claves para convivir
Orar cada día, compartir las lecturas de la Biblia y tener una relación directa con Dios son algunas claves de su hogar.
Ambos han ido transmitiendo esos hábitos espirituales a la familia que los hace permanecer unidos. Desde que decidieron contraer matrimonio el 13 de julio de 1957 tuvieron claro que era para toda la vida. “Pensamos que íbamos a luchar por mantenernos unidos toda la vida. No se puede tener un hogar sin Cristo Jesús”, dijo don José.
Doña Raquel agrega que, para mantener la relación, la esposa debe ser atenta y orientar a los hijos. “La esposa debe ser un ejemplo en la casa. Estar pendiente de su esposo, prepararle sus alimentos a tiempo. El amor es duradero; hay que mantenerlo vivo. Hay que educar a los hijos, enseñarles que a veces no se les puede dar todo lo que quieren. A veces hay problemas hasta por el dinero porque algunas veces la mujer es inconforme”, señaló. Los detalles de uno para otro los han hecho celebrar cada día juntos. Cuando arribaron a sus 50 años de casados renovaron ese amor junto a toda su familia con una celebración mayor que cuando se casaron.
La felicidad es notoria en su hogar; los sollozos se asoman al pensar que la muerte los separará algún día. “Es una tristeza pensar en la muerte. No sé qué haría sin ella”, dice él. “Nada sería lo mismo si me llega a faltar”, expresa ella.