Colombia
William Chavarriaga Álvarez, el ‘Popeye’ colombiano, no abriga en su corazón una Oliva como la que aparece en la tira cómica, pero se siente feliz y realizado de la vida que lleva.
Chavarriaga Álvarez bien podría inspirar una de esas películas taquilleras que estrena cada 25 de diciembre el realizador Dago García. Tiene 49 años, y de ellos, 38 los ha vivido en el antiguo aeropuerto Olaya Herrera, de la capital antioqueña, adonde llegó muchachito como aprendiz de cargador de aviones.
Ahí donde lo ven, con su pipa improvisada de corcho, con el ancla tatuada en su hombro derecho y esos mofletes pronunciados que nos recuerdan al inolvidable marino de los años de infancia, Chavarriaga ha viajado en nueve ocasiones a los Estados Unidos, pero en calidad de polizón: varias lo hizo camuflado en cargamentos de flores, y una, de la manera más tétrica y cinematográfica: entre un ataúd.
El ‘Popeye’ paisa no come cuento, como sí su alter ego, del poder alimenticio de las espinacas. Lo suyo son los tradicionales frijoles con chicharrón, tocino y arepa en ‘bola’, que a su decir, es el ‘perrenque’ que lleva en sus músculos.
Toma sus alimentos gratis en el ‘corrientazo’ que regenta doña Beatriz Londoño, su madrina, y después de una ardua jornada de trabajo representada en hacer mandados y oficios varios que son recompensados con propinas y comisiones, se va a pernoctar al domicilio adecuado en uno de los hangares que le dispuso un funcionario del aeropuerto.
Los únicos días que sale son los domingos, a visitar a su mamita, doña Judith Álvarez, que es el único ser querido que tiene en la vida.
Si hay una Oliva criolla que quiera hacerle compañía, pues ya sabe donde contactarlo, y seguro que le iría de maravilla, porque Popeye el paisa, es lo que dicen las beatas: ‘una almita de Dios’.
El original
Considerado por muchos como el primer superhéroe del cómic, Popeye se hizo aún más popular en los años 30 gracias a la serie de animación realizada por los hermanos Fleischer, en aquellos años la competencia más directa de Walt Disney. Popeye era, en el cómic original, muy fuerte. No obstante, en los dibujos animados se optó por incorporar la idea de las espinacas para fomentar entre la infancia el consumo de este vegetal, en plena época de depresión tras el crack del 29.
Popeye era una sátira feroz de la sociedad de su tiempo. A través del humor del absurdo, se dedicó a demoler los estereotipos de la cultura yanqui, además de realizar una feroz burla de la política contemporánea.
