Honduras
Abarrotada de familiares, amigos y conocidos reclamando los cadáveres de varias víctimas de la violencia se encontraba ayer por la tarde la morgue judicial.
Personas de distintos sectores llegaron para reconocer los cuerpos de los fallecidos. Algunas se encontraban ahí desde temprano, como Martín Hernández Antúnez, a quien le informaron que su hija Glardin Isela Hernández, 27, vendedora de mercadería de belleza, fue asesinada de un balazo en la salida a La Lima ese mismo día por la mañana.
El padre de la muchacha dijo que iba y venía de la morgue varias veces porque los encargados le decían que aún no tenían listo el cadáver de la joven. “Vine a las ocho y me dijeron que volviera al mediodía. Son las cinco de la tarde y no me responden nada aquí”, lamentó Hernández Antúnez.
Otro caso es el de Elmer Orellana, 40, comerciante individual, originario de Santa Cruz de Yojoa, que murió de dos balazos a manos de asaltantes en la salida a San Manuel mientras cobraba un dinero, explicó Carlos Lemus, pastor de iglesia y amigo del hoy occiso.
Ataúdes a la disposición
Marco Tulio Murillo Cáceres, 20, fue otro desafortunado ultimado por desconocidos en la colonia El Cerrito, sector Rivera Hernández. Su hermana Gabriela Guadalupe Díaz llegó por los restos del muchacho y también le tocó esperar muchas horas.
Algunos de los presentes no tuvieron necesidad de buscar una funeraria para comprar ataúd, pues fuera de la morgue había un grupo de personas con un automóvil lleno de féretros a disposición de los dolientes.
Mientras tanto, Antonio Acosta, 25, esperaba que le entregaran los restos de su hermano Carlos Humberto Acosta, 29, muerto a garrotazos el pasado sábado por un desconocido que, dicen, era su amigo y con quien el ahora occiso compartía unos tragos.
El hecho ocurrió en una granja avícola de Santa Rita, Yoro, a las nueve de la mañana y según testigos el problema se originó por una discusión entre los dos individuos.
