La esperanza llega a bordos sampedranos

Regidor dice que Alcaldía de SPS está a punto de comprar predio para reubicar a 800 familias. Además les enseñarán un oficio.

Honduras

25.07.2011 - Redacción - redaccionSPAMFILTER@laprensa.hn

comentarios

Los parques lineales en los bordos de los ríos de San Pedro Sula son una vieja historia. LA PRENSA publicó en mayo de 2008 una serie de reportajes que trasmitieron mucho optimismo a los sampedranos, principalmente entre los que viven en zonas residenciales cercanas, quienes ya veían a decenas de niños corriendo o en bicicleta entre la arboleda y a matrimonios almorzando al aire libre, respirando aire fresco.

¿Qué pasó? Así como el plan nació, murió, y a la fecha nada ostensible se ha hecho con la gente que vive en los bordos de San Pedro Sula.

Unas 50,000 personas viven ahora allí y centenares siguen llegando año con año; más ahora cuando ven la esperanza de tener casa propia con un mínimo de inversión.

A pesar del alto índice de pobreza en que vive la población hondureña, la región del Valle de Sula y particularmente San Pedro Sula es considerada zona privilegiada por su gran dinamismo y acelerado crecimiento económico; sin embargo, esta riqueza se concentra en pocas familias locales y extranjeras; mientras que una gran parte de la población sobrevive en condiciones de extrema pobreza y vulnerabilidad social, ambiental, económica y política.

Los bordos son franjas de tierra que se sitúan en las riberas de los ríos Piedras, Bermejo, Santa Ana y Blanco que cruzan la ciudad.

A partir de un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y de la firma consultora española Iberinsa, para el año 2001 había 2,300 unidades familiares asentadas en la zona.

En la actualidad la cifra se ha elevado a 10,000, es decir, unas 50,000 personas.

Los problemas que más destacan en estos lugares son: el riesgo de los pobladores frente a los problemas naturales, la insalubridad, la marginación social, el deterioro del ambiente, la inseguridad, los daños a los cauces fluviales y las obras de protección, construidas por varias administraciones municipales.

El contexto de los bordos es generador de otros riesgos: el económico, social y afectivo, los cuales ponen en clara evidencia la esencia de una miseria, propia de una población “exiliada” en un área con múltiples expresiones sociales.

El universo poblacional lo componen, en su mayoría, amas de casa, mujeres solteras, muchas de ellas vinculadas al trabajo de la maquila labores domésticas, cría de animales y la venta de verduras en carretas haladas por caballos.

También se agregan comerciantes, agricultores, motoristas, artesanos, jornaleros y trabajadores en servicios personales, pensionados, jubilados, estudiantes, desempleados que buscan trabajo y personas que no se dedican a ninguna actividad pero que reciben remesas del exterior.

Hay otras que no hacen nada ni buscan empleo.

Los pobladores son víctimas de enfermedades como el dengue clásico, la malaria, las alergias, hongos de la piel y virus en todas sus variedades.

Otro de los flagelos que se hace presente es la criminalidad y la violencia doméstica.

Asimismo, las pandillas juveniles y traficantes de drogas han encontrado un campo fértil para expandir sus actividades delictivas.

El asunto de la propiedad es un tema delicado: apenas un 3.2% de las personas tienen dominio útil del predio donde viven y un 4.0% dominio pleno, contra un 92.7 por ciento que no poseen documentos que los acrediten como propietarios.

El Informe sobre los Compromisos del Milenio para Honduras, elaborado en octubre 2003 por el PNUD, sostiene que en 2002 se encontraban bajo la línea de la pobreza 55.5% de los hogares urbanos y 70.8% de los rurales. En extrema pobreza sobrevive 27.2% de los hogares urbanos y 62.7% de los hogares rurales, es decir, que en el caso del campesinado casi todo se debate en la peor de las miserias.

Sin porvenir

La falta de oportunidades reales dentro del país es uno de los motivos que explican la fuerte emigración que involucra a sectores cada vez más numerosos de la población.

En los últimos años, la migración interna ha sido dramática en Honduras, estimulada por catástrofes naturales (por ejemplo, el huracán Mitch o el Fenómeno del Niño), brotes de hambruna y pérdida masiva de cosechas.

El programa de ajustes impuesto por diversos Gobiernos desde hace 20 años, ha contribuido a generar miles de desempleados y producir modelos económicos que crean polos industriales, tal como el triángulo maquilero, ubicado en la Región Metropolitana del Valle de Sula, donde más de 200 industrias atrajeron una mano de obra directa de 120,000 personas y tres veces más de forma indirecta.

La situación en estos momentos es más delicada. Se calcula que al menos 48% de la población total se concentra en menos de cinco ciudades.

Pese a no haber datos estadísticos recientes, la migración interna permanente y estacional está modificando el rostro poblacional de Honduras; es decir, que la movilidad de grupos de población es intensa y ya no se detiene en las fronteras, sino que las trasciende.

La migración, por ejemplo, hacia el exterior se estima en 35,000 hondureños por año, en su mayoría hacia EUA.

Los reveses

A partir de la particular distribución de las cuencas hidrográficas del país y del hecho que el 87% de las lluvias que caen sobre el territorio nacional drenan hacia el océano Atlántico y solamente un 13% hacia el Pacífico, muestra el potencial de inundación que abarca amplias áreas por donde corren los ríos Chamelecón y Ulúa, cuyas cuencas abarcan más de 25,000 kilómetros cuadrados.

Así, la fertilidad del Valle como consecuencia de la enorme disponibilidad de recursos hídricos, contrasta con el riesgo poblacional por la frecuencia en que se presentan las tormentas tropicales.

La histórica presión ejercida sobre las tierras altas por parte de la agricultura de ladera genera problemas de erosión y azolvamiento del cauce de los ríos, lo cual aumenta de forma potencial los riesgos de inundación en poblaciones ubicadas en zonas bajas.

La única respuesta estatal y municipal ha sido presupuestar cuantiosas sumas de dinero para levantar bordos de contención en las márgenes de los ríos Chamelecón y Ulúa; pero estas acciones, históricamente hablando, en poco ayudan por las cíclicas inundaciones.

En San Pedro Sula se dan fenómenos sociales bien marcados, pero el que más agudiza la problemática está en estrecha relación con la migración del campo a la ciudad y los desastres naturales, lo cual conlleva a la proliferación de cinturones de miseria poblacional en las riberas de los ríos.

Datos estadísticos conservadores establecen que el 63.4% de los habitantes del municipio viven bajo el umbral de la pobreza y más de la mitad de este porcentaje se encuentra en la indigencia.

San Pedro Sula es probablemente el espacio poblacional- municipal con la tasa de urbanización más alta de todo el país. En efecto, un 85% de sus habitantes se encuentran asentados en la ciudad, 8% en la villa de Cofradía y el 7% restante se ubica en 54 aldeas en un rango promedio de 200 a 2,000 almas.

Muchas personas llegan a la ciudad buscando una vida mejor, un trabajo, casa, seguridad y crecimiento para sí mismos y sus familias. Para el inmigrante lo importante es llegar, desconociendo, muchas veces, la situación cruel que les depara.

Otros factores que obligan a la gente a dejar todo en el campo para trasladarse a la ciudad es la búsqueda de esa tierra de “leche y miel” que antiguamente buscó el pueblo hebreo.

Nuevas promesas

Esta tierra prometida es la que ofrece la actual Corporación Municipal sampedrana.

Según dijo el regidor Melvin Ferraro, director de la Comisión de Vivienda Social, la alcaldía está a punto de comprar, al menos, un terreno suburbano para reubicar a las primeras 800 familias de los bordos.

Pero su reasentamiento no será gratis: cada una debe contribuir con mano de obra para construir las viviendas, una escuela, e instalar los servicios básicos, y una vez adjudicadas tendrán que pagar una cuota módica por el beneficio.

Adelantó el munícipe que las casas no se podrán vender, enajenar o rentar, y los únicos beneficiarios, en caso de muerte o incapacidad, serán los miembros de la misma familia.

Una vez allí, los pobladores serán sometidos a una capacitación continua en diversas actividades productivas (microempresas) para que mejoren su situación económica, y también afectiva, a fin de que se sientan útiles a la sociedad y necesarios en el proceso de transformación del país.

Los primeros que deben abandonar la zona son las familias del bordo Esquipulas II, cercano a la colonia Las Brisas, segundo anillo de circunvalación, por la razón que por allí pasará el Canal Seco, que comienza en Goascorán, Valle, y terminará en Puerto Cortés.

Un testimonio cruel

“Soy Salvador Caballero, presidente de la Coordinadora General de Bordos, tengo 10 años de residir en el bordo Esquipulas I. Mi preocupación principal es salir de este lugar cuanto antes. No soy feliz en este lugar. A veces siento como si la muerte se hubiese sentado en mis espaldas.

Tengo miedo. Cuando llega la noche casi no duermo, estoy en permanente vigilia, pues me han amenazado de muerte varias veces y eso me pone los nervios de punta. Siempre hay alguien que viene a empujar la puerta a la medianoche como si buscaran a alguien o quisieran robarse las pocas pertenencias que tengo.

Como pastor de la Iglesia Primitiva, le oro a Dios todos los días para que nos ayude a poder tener algún día nuestra casita y vivir feliz con mi esposa y mis cuatro hijos. No crea, el olor a la muerte lo siento aun más desde que asesinaron a cuchilladas y pedradas a mi hijo mayor.

Los asesinos andan sueltos y han de pensar que yo voy a tomar represalias. Sinceramente vivimos por la gracia de Dios. Esta situación de pobreza me resulta insoportable, humillante. El no tener dinero ni para comprarme un refresco en la pulpería me lleva a creer que no valgo nada. Con mi esposa peleamos por pequeñeces, pero creo que es porque estamos enfermos de pobreza y miseria.

Me vine de la comunidad de El Naranjito, Santa Bárbara, luego que una sequía acabara con los maizales, creyendo que mi vida mejoraría, pero la cosa en la ciudad es dura”.

comentarios



Galería de Fotos

Video producido por laprensa.hn

“La medida no llega en el momento oportuno”
LaPrensa.hn 06:00pm 0 comentarios
Hay mucha incertidumbre para aplicar nuevo sistema cambiario, dice economista Carlos Urbizo

Clientes y bancos se quedaron sin divisas
LaPrensa.hn 06:00pm 0 comentarios
Vicepresidente de la AHIBA asegura que economía no gana con “flexibilización”. ¿Es correcto modificar el tipo de cambio?

NOTAS RELACIONADAS

» 
La esperanza llega a bordos sampedranos
» 
Pedro Cavadas, el médico de la esperanza
» 
Carrera de la esperanza
» 
El viacrucis: fe y amor
» 
Música colmada de esperanza
» 
Discurso de Obama trae esperanzas a los hispanos
» 
Una luz de esperanza para Honduras
» 
Carlos Pavón ya entrena con la Máquina
» 
Recuerdo de Lincoln engala a Obama
» 
Infantes mueren calcinados en Honduras

   OPSA Todos los Derechos Reservados © 2013