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La inolvidable ceremonia inaugural de los Juegos OlÃmpicos de Beijing, China fue todo un espectáculo, el 8 de agosto.
China se vio confrontada en 2008, tras años de explosión económica, a la crisis económica internacional, a un terremoto devastador y a la revuelta del TÃbet, pero asà y todo logró organizar unos Juegos OlÃmpicos fastuosos, a la altura de la nueva potencia.
La economÃa china acabó 2007 con signos de calentamiento, pero doce meses después se ve confrontada a una desaceleración mundial que ha provocado la primera caÃda desde 2001 de sus exportaciones, factor esencial de su prosperidad.
La reducción de la demanda de todas las economÃas afectadas por la crisis ha acabado haciéndose sentir en el crecimiento de China -que de 2003 a 2007 fue de dos dÃgitos- en el empleo y, en consecuencia, en la estabilidad social.
Los nuevos desafÃos se presentan cuando China celebra el 30º aniversario de sus reformas económicas, que desmantelaron el sistema colectivista aunque sin poner en entredicho el control absoluto del Partido Comunista sobre la vida polÃtica.
"Nos resulta imposible dar marcha atrás. El futuro desarrollo de China debe depender de la reforma y la apertura", pero "nuestro Partido (...) seguirá sustentando el proceso histórico del desarrollo del socialismo con caracterÃsticas chinas", afirmó este mes el presidente chino, Hu Jintao.
Las cosas no son sencillas, en momentos en que las protestas sociales se multiplican.
"Nos vemos confrontados a grandes desafÃos (...), si no manejamos bien las dificultades podrÃamos vernos enfrentados a riegos graves" en los planos económico y social, subrayó esta semana Zhang Ping, ministro a cargo del principal organismo de planificación económica, la Comisión Nacional para la Reforma y el Desarrollo.
Además, el año trajo a China muchos acontecimientos desestabilizadores, principalmente catástrofes naturales.
"El acontecimiento más importante de 2008 es para mà el sismo de Sichuan", que el 12 de mayo dejó más de 87.000 muertos y desaparecidos en esa región del centro-oeste del paÃs, afirmó Hu Xingdou, economista del Instituto de TecnologÃa de PekÃn.
"Fue una prueba compleja para la sociedad civil, del sistema polÃtico, el desarrollo económico, la calidad de la construcción y de la importancia que el gobierno concede a la educación", explicó Hu, al referirse al temblor que derrumbó escuelas como castillos de naipes.
"La catástrofe sacó a relucir los problemas en el proceso de toma de decisiones e información", agregó.
Al mismo tiempo, el desastre generó una enorme ola de solidaridad en todo el paÃs y, a tres meses de los Juegos OlÃmpicos, silenció las crÃticas de la comunidad internacional a China.
La primera parte del año estuvo marcada por la tensión con los gobiernos y las opiniones públicas extranjeras por temas como el apoyo de PekÃn al gobierno sudanés, la cuestión de los derechos humanos y, sobre todo, la crisis tibetana.
Las primeras manifestaciones contra el dominio chino se produjeron en Lhasa, la capital del TÃbet, el 10 marzo, aniversario del levantamiento fallido de 1959 en esa región del Himalaya, que obligó al Dalai Lama, lÃder del budismo tibetano, a exiliarse en India.
Las protestas de marzo se extendieron a otras provincias con minorÃas tibetanas, sin testigos extranjeros. El acceso al TÃbet fue de hecho cerrado.
Según los exiliados tibetanos, la represión causó al menos 203 muertos; la situación del TÃbet desató protestas en todo el mundo, llamamientos a boicotear los Juegos OlÃmpicos e incidentes en varios paÃses durante el recorrido de la llama olÃmpica, los más graves de ellos en ParÃs.
A cuatro meses de unos Juegos a los que habÃa consagrado tanto trabajo, dinero y esperanzas, China se sintió humillada y multiplicó las reacciones nacionalistas.
"Los problemas durante el paso de la antorcha demostraron que el pujante poderÃo de China no es siempre aceptado por los occidentales", estimó el economista Hu.
Finalmente, cuando los Juegos se inauguraron el 8 de agosto en un PekÃn cubierto de flores, cualquier discrepancia se apagó. La organización fue casi perfecta y el gigante asiático demostró su fuerza logrando más medallas de oro que nadie (51) y, sobre todo, por primera vez, más que Estados Unidos (36).
Para los chinos, el único lamento vino de la lesión de su héroe Liu Xiang, que no pudo lograr una medalla de oro para la que era claro favorito, la de los 110 metros vallas.
La alegrÃa del acontecimiento duró poco, pues pocas semanas después estalló el escándalo de la leche infantil contaminada con melamina, una sustancia quÃmica que le da una apariencia más rica en proteÃnas, que intoxicó a cerca de 300.000 niños en China y llevó a muchos paÃses a retirar de la venta los productos chinos.
Esta catástrofe "conmocionó al paÃs" y constituyó "el segundo acontecimiento esencial" del año, poniendo en evidencia "los enormes problemas en seguridad alimentaria", estimó Zheng Yefu, profesor de sociologÃa.
Para el economista Hu Xingdou, el escándalo reveló "la pérdida de sentido moral de la sociedad china" y la falta de transparencia.
"Otros casos similares se verán en el futuro y en 2009 veremos tantas crisis sociales como en 2008", auguró.
