Probablemente ahora mismo hay una joven hondureña preparándose para empezar su viaje a Norteamérica. Mientras empaca, planea cómo ayudará a su familia y qué comprará cuando reciba el primer salario de su nuevo empleo en México. Quizás en este momento guarda en su maleta la ropa, los zapatos y el maquillaje que no pesan tanto como las esperanzas, los deseos de superación y los sueños que lleva para comenzar una nueva vida lejos de su hogar.
La falta de oportunidades, la pobreza, el bajo nivel educativo y las necesidades extremas cada día empujan a más menores a confiar en las promesas de personas que apenas conocen. Les ofrecen trabajo y excelentes salarios y en pocas palabras les dibujan un futuro inmejorable en tierras extrañas.
Pero al llegar a su destino, las jóvenes descubren inmediatamente el engaño cuando son llevadas desde el primer día a cantinas o bares donde operan los traficantes de personas y una vez que están adentro simplemente es imposible escapar.
Según los testimonios de menores víctimas de la explotación sexual que han sido rescatadas en México, el proceso de “adaptación” es el mismo para todas.
Recién llegadas, las hondureñas ya comienzan a ser obligadas a beber cerveza con los clientes; a esto se le llama “fichar”. Les dicen que por cada cerveza a que las inviten se les entregará una ficha o comprobante con el que supuestamente ellas obtendrán después una ganancia por cada bebida.
Ellas aseguran que llegan a temer más que paguen por su “salida”. Esto ocurre cuando un cliente le paga al dueño del bar para tener intimidad con una de las muchachas.
Quienes tratan de negarse son forzadas a satisfacer los deseos del hombre que pague para tenerlas.
Esto se puede repetir varias veces desde la primera noche que la joven esté en el bar, pues desde que llegan se les dice que tienen una “deuda” por los costos del viaje a México.
En resumen, las hondureñas se han convertido en “producto de exportación” para delincuentes dedicados a la trata de personas. Las venden como si fueran mercadería para convertirlas en esclavas sexuales, literalmente, aunque resulte difícil creer que esto todavía suceda en pleno siglo XXI.
Un crimen difícil de combatir
En Honduras, los traficantes de personas han sabido mantener un bajo perfil. Francis Artola, coordinadora regional del Ministerio Público de Santa Rosa de Copán, explica por qué.
“Seguir y detectar estos casos resulta difícil, pues a veces la misma víctima no colabora para identificar a los responsables y ella puede ser el único testigo directo. Aún así trabajamos con base en otros medios de prueba que la investigación ofrece”, expresó Artola.
La fiscal mencionó que ya han establecido un perfil de las víctimas que más buscan los traficantes de personas para intentar “engancharlas”.
“Las menores llevadas para explotación sexual proceden de todo el país y el rango más común de edad está entre los 15 y 17 años. La adolescencia es una etapa complicada en que las menores son vulnerables”, advirtió.
En zonas fronterizas de Honduras con Guatemala han sido rescatadas algunas hondureñas antes de ser llevadas a los bares guatemaltecos o mexicanos, pero, por cada niña salvada, muchas terminan siendo prostituidas en el extranjero.
“Cuando nos llegan denuncias por explotación sexual comercial hemos tenido sentencia condenatoria en todos los casos incoados, pero aún no hay hábito de denuncia”, declaró la coordinadora.
Analizó el efecto de este problema en la sociedad. “Este delito impacta en la sociedad, pues toca la integridad de nuestras menores. Muchas veces se puede aparentar que la menor está de acuerdo, pero en realidad puede estar siendo obligada o sometida a la explotación”, concluyó.
Hondureñas, las más buscadas
Por ser frontera con Guatemala, en el estado de Chiapas, México, se han detectado muchos casos de explotación sexual, por lo que las autoridades han endurecido las penas contra este delito.
Mauricio Mendoza, consejero presidente de la Comisión de Atención al Migrante del Consejo Estatal de Derechos Humanos en Chiapas, habló sobre la realidad de este problema en México.
“Hace muy poco se rescató a menores de edad provenientes de Honduras. Es cierto que la mayoría de víctimas de explotación sexual son hondureñas. Derechos Humanos ha atendido estos casos y todas las denuncias que hemos investigado son ciertas”, afirmó Mendoza.
El comisionado enumeró las zonas fronterizas donde han encontrado que se explota sexualmente a menores y sus logros al combatir este delito. “De los 118 municipios de Chiapas, la trata de personas la tenemos documentada en cinco municipios, casi fronterizos. El principal y el más fuerte es frontera Comalapa, pero se desarticularon ya bandas como las de “Levys”, “Mama Meche”, el “Divino” y el “Caballo Negro”. En Comitán también se terminó con la actividad de una persona que se dedicaba a esto. Estamos además sobre Suchiate y Huixtla, dos municipios con datos negativos sobre este problema”, reveló.
El representante de Derechos Humanos consideró que, mientras no haya coordinación entre los países afectados, no habrá una solución definitiva.
“Aquí podemos meter en la cárcel a muchos traficantes de personas, pero la raíz de esto es Centroamérica. Hay que averiguar quién en Honduras engancha a estas niñas para venir aquí, quién se las quita a los padres, las engaña y las trae a Veracruz, Chiapas o Estados Unidos. Se han encontrado muchos casos de niñas de San Pedro Sula y la pregunta es cómo salen de allá y por qué las autoridades no se dan cuenta de que estas menores van sin pasaporte, sin papeles o permiso legal”, declaró Mendoza.
El problema aumenta y lo único seguro es que cada momento que las autoridades pierden es una oportunidad más para que los traficantes engañen, trafiquen, esclavicen y exploten sexualmente a inocentes jóvenes cuya única culpa es soñar con un futuro mejor.
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