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Masacre en México no detiene a los ilegales

Pese a la matanza en México, diariamente unos 277 hondureños persisten en llegar al territorio estadounidense de forma irregular. Sus razones: la pobreza, violencia y el desempleo
06.09.10 - Actualizado: 07.09.10 09:24am - Roque J. Galo: roque.galo@laprensa.hn

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México,

Macao

Con una pequeña mochila sobre su espalda, en la que lleva apenas una muda de ropa y el resto lo ocupan sus sueños e ilusiones, William Bustillo, un joven bachiller de 23 años, emprendió la ruta hacia EUA en su segundo intento por alcanzar ese sueño.

El pasado 27 de agosto, junto a 80 hondureños más, regresó deportado desde Seattle, Washington, y tras una semana con su familia en su natal San Lorenzo, Valle, decidió emprender de nuevo su viaje hacia el país del norte.

El pasado viernes, cerca de la media noche, llegó a la estación de buses de San Pedro Sula, para abordar la unidad que lo llevaría a la frontera de Agua Caliente, con la esperanza de llegar a EUA. Sabe que el paso por México podría ser mortal, pero su sueño de tener un negocio propio es más grande que detenerse en pensar en los riesgos del camino. William Bustillo es sólo uno de los 277 hondureños que diariamente siguen saliendo de San Pedro Sula hacia la frontera de Agua Caliente, rumbo a Estados Unidos.

“Yo sé cómo está toda la situación en México, sé de los Zetas, pero no tengo temor a ese grupo. Ya llegué una vez hasta los Estados Unidos, pero me agarraron en Texas”, dijo William Bustillo minutos antes de abordar el autobús.

Los estremece la masacre de 72 indocumentados en Tamaulipas, pero no los detiene. “Cada hora están saliendo aproximadamente doce hondureños por Agua Caliente (aduana de la frontera de Honduras con Guatemala) y por puntos ciegos”, afirmó Araceli Romero, funcionaria del Centro de Atención al Migrante Retornado que opera en el aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa. “A pesar del peligro y de las campañas de concienzación que hacemos, la gente no se detiene”, añadió.

El recorrido

Son las 2:15 de la madrugada del sábado 4 de septiembre en la Gran Central Metropolitana de SPS, la peregrinación hacia el sueño americano está por comenzar para unos 19 compatriotas procedentes de distintas partes del país.

Entre ellos se encuentra Santos Tomás Bardales, 30 años de edad, procedente de Olancho y allí deja a sus tres hijos y a su esposa, a quienes prometió darles una vida mejor.

“Lo que gano como agricultor no me alcanza para mantener a mi familia, prefiero arriesgarme que ver a mi mujer y mis hijos pasando necesidades”, dice el jornalero, al tiempo que comentó que ésta es la séptima vez que intenta marcharse de esta tierra adonde según el la vida es injusta.

Él, como William Bustillo y resto de hondureños que viajan en el bus hacia Guatemala, van dispuestos a dar la vida en el intento.

“La verdad es que sí me da un poco de miedo; pero aquí no queda de otra que agarrarse de Dios”, dijo Tomás Bardales mientras sostenía entre sus piernas una pequeña mochila de tela impermeable.

El autobús arrancó y un recorrido de seis horas había comenzado. No hubo familiares que dijeran adiós, ni lágrimas que rodaran en esa terminal silenciosa, sólo tristeza y un sinsabor por tener que huir del país en el que nacieron, pero que no les ha dado oportunidades.

Minutos más tarde el silencio se adueña de la unidad de transporte, el pésimo estado de la carretera hacia occidente hace que más de alguno despierte, el resto duerme plenamente.

Comienza el viacrucis

Llegan las 6:47 de la mañana del sábado y los primeros rayos del sol se mezclan con el verde paisaje de Ocotepeque. Ahí va Carlos Hernández, un vecino de la colonia Asentamientos Humanos San Pedro Sula, en su tercer intento por cruzar la frontera.

“Me motiva a irme la mala situación en la que estamos viviendo en Honduras, ya no se puede vivir aquí, hay mucha violencia y poco trabajo”, dijo. Él, como la mayoría de los que iban en el autobús deja una esposa e hijos. Estuvo dos veces en EUA, una vez se regresó y la segunda lo deportaron de Texas, de eso hace ya dos años. Desde ese tiempo trabajó como dependiente de una glorieta hasta que recogió un poco más de tres mil dólares, dinero suficiente para volver a emprender su tercera aventura. Va con la ilusión de cruzar la frontera, pero dice que “el que yo llegue sólo depende del de arriba”, refiriéndose a ese ser supremo en el que muchos encomiendan sus vidas antes de partir.

Muchos no hablan por temor a que sus familiares lean este artículo, o porque sencillamente de nada sirve que hablen de las razones por las que se marchan a buscar horizontes menos desoladores.

“El Gobierno es el que se ha paseado en todos nosotros, y no nos va a solucionar la vida; así que de nada sirve hablar y decir lo que uno piensa”, dijo con resentimiento uno de los viajeros.

El trayecto llegó a su fin, el recorrido nuestro terminó, pero para ellos comienza. Y ahí van, los que huyen de la pobreza y deambularán por tierras extrañas en busca de ese sueño del país del norte que para muchos se convierte en la pesadilla azteca.

Negocio en la frontera

En su largo viacrucis, los emigrantes hondureños hacen su primera estación en la frontera de Agua Caliente, límite con el país vecino Guatemala.

Ahí los esperan las autoridades migratorias tanto de Honduras como de Guatemala, que según muchos se aprovechan de los “ilegales” para extorsionarlos.

Al parecer, los hondureños que controlan el flujo de personas en la zona registran a los viajeros que van de “mojados” hasta encontrarles falsas anomalías y quitarles sumas de dinero que van hasta los 500 lempiras.

“Ellos mismos son los que les bajan el dinero a sus propios compatriotas”, dijo uno de los perjudicados.

Una vez estando del otro lado de la tranca, que separa a Honduras con Guatemala, los hondureños se ven obligados a pagar entre 10 y 15 quetzales, unos 27 lempiras, para que un hombre los guíe hasta el otro lado de la zona neutral y no tener que repetir la historia en la tranca del lado chapín.

Ya en Guatemala, los compatriotas deberán pagar 25 quetzales, unos 65 lempiras, para que un microbús, de los muchos que hay del otro lado de la frontera los transporte hasta la localidad de Esquipulas, en el departamento de Chiquimula, Guatemala.

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Decenas de hondureños salen a diario desde San Pedro Sula con destino a EUA, pese a la crítica situación que se vive en México.
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