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Migrantes progreseños: del sueño a la pesadilla

Más de 600 personas que van “mojadas” a Estados Unidos han desaparecido en el camino, según datos del Cofamipro, cuyos miembros los buscan en Guatemala y México. Han encontrado 144 y 32 que retornaron con amputaciones
19.03.10 - Actualizado: 19.03.10 02:08pm - Redacción: redaccion@laprensa.hn

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El Progreso,

Honduras

Por la falta de empleo y la pobreza, cientos de progreseños emigran a Estados Unidos en busca del “sueño americano”.

En varias ocasiones sus metas son truncadas por múltiples obstáculos en un camino del que muchos no retornan y otros lo hacen, pero sin una o varias de sus extremidades.

Las estadísticas revelan que Yoro es uno los cinco departamentos con mayor migración a Estados Unidos; los demás son Cortés, Francisco Morazán, Santa Bárbara y Choluteca.

El camino al país del norte es peligroso y más en los últimos años debido a las bandas de secuestradores. La mayoría cruza la frontera y envía remesas a sus familiares, lo cual es el objetivo del viaje; pero en otras ocasiones desaparecen sin dejar rastro.

En El Progreso, un grupo de personas formó en 1999 el Comité de Familiares de Migrantes Progreseños, Cofamipro, con el objetivo de encontrar a sus parientes que en busca del “sueño americano” se perdieron en Guatemala o en México.

Cofamipro registra a 656 personas que han viajado “mojadas” a EUA en los últimos diez años; de éstas, 355 están desaparecidas, 50 están presas, 32 han regresado con amputaciones, 18 han muerto en el camino, 32 están hospitalizadas en México, 144 han aparecido, cinco son víctimas de la trata y tráfico de personas y veinte están secuestradas por bandas como Los Zetas, la organización delictiva mexicana, cuyo principal negocio es el narcotráfico.

Este grupo emprendió su búsqueda y aunque falta mucho para llegar a la meta, sigue intacta la esperanza de los padres, hijos y hermanos de quienes dejaron su hogar para brindarles una vida mejor, aunque algunos tienen más de veinte años de no tener noticia de su familiar. Los miembros de esta organización han viajado a México y Guatemala con la esperanza de hallar a sus familiares. Tienen un centro de datos con las fotos y los datos de las personas a quienes buscar.

Edita Maldonado, secretaria de Cofamipro, relata que en 2000 viajaron hasta México recorriendo la misma ruta que llevan los “mojados” y dieron con el paradero de cinco personas. El sacrificio de doña Edita fue recompensado, pues encontró a su hija desaparecida hacía cinco años.

Ésta se había casado y no había llamado a su madre durante ese tiempo. “Sentí una gran alegría cuando pude saber dónde estaba mi hija. Lamentablemente ella enfermó un tiempo después y murió, pero lo más importante es que sé dónde está sepultada, mientras que hay personas que no saben si su familiar está muerto y si se quedaron a medio camino”.

A pesar de haber cumplido su búsqueda personal, doña Edita continúa trabajando para Cofamipro. Dice que lo hace porque se solidariza con las madres que llegan llorando en busca de auxilio para encontrar algún hijo que se fue “mojado” y no han vuelto a saber de él.

En 2002 llegaron hasta Tapachula, México. Allí recorrieron hospitales, centros de salud y otros lugares, entre ellos una cárcel donde había seis hondureños presos por delitos menores; sin embargo, afirma que “el Consulado de Honduras en aquel país no había hecho nada por ellos”.

Uno de los sitios visitados que causó gran impacto en la comisión de búsqueda fue un cementerio. “Allí vimos algo que nos partió el corazón: en el rincón había fosas con cuatro personas en cada una que no tenían nombres ni identificación, sólo letras “X”, eso nos dolió bastante porque nos preguntábamos si se trataría de los desaparecidos que andábamos buscando”.

La coordinadora de Cofamipro, Rosa Nelly Santos, explica que en la organización se han capacitado sobre derechos humanos y algunas leyes relacionadas con la migración. “Recibimos charlas sobre salud, especialmente VIH/sida, porque muchos de los migrantes están propensos a adquirir la enfermedad durante el viaje debido a que tienen que enfrentar situaciones adversas como asaltos, secuestros o violaciones”.
Experiencia dolorosa

A doña Hemeteria Martínez le ha tocado vivir la angustia de no tener noticias de su hija desde hace más de veinte años. Aunque sus pies reflejan cansancio por la búsqueda y su rostro una profunda tristeza al no saber de su hija Ada Marlen Ortíz, a sus 71 años de edad no pierde la esperanza de algún día volver a verla.

“El 23 de septiembre de 1972 a las once de la mañana nació mi pequeña Ada. Recuerdo que sentí una gran felicidad al verla por primera vez, pero en ese momento jamás imaginé que ella nos dejaría para irse a Estados Unidos”, relata.

Doña Hemeteria recuerda que Ada le dijo: “‘Mamá, me voy a Estados Unidos para ayudarle’, yo intenté detenerla haciéndole ver los peligros que corría, pero ella no desistió. Desde entonces la busco con la esperanza de encontrarla.

Ahora sólo deseo volver a verla, sueño que llegue el día en que me vuelva a decir ‘mami, ya llegué’. No importa si viene con algún problema, una enfermedad o lo que sea; la recibo con los brazos abiertos. Nunca me daré por vencida. Mientras viva, seguiré buscando a mi hija”, expresa con su rostro bañado en lágrimas.
Un alto precio

Las personas que viajan “mojadas” a Estados Unidos generalmente pagan una gran cantidad de dólares a “coyotes” que los dejan abandonados a medio camino, pero el precio más caro lo pagan aquellos que, vencidos por el cansancio, la sed y el hambre, caen de los trenes y pierden una o varias de sus extremidades. Las estadísticas de Cofamipro revelan que hay 32 migrantes retornados progreseños que tienen extremidades amputadas.

Manuel Medina es uno de ellos. Salió de su casa el 27 de agosto de 2005 y llegó a Veracruz, pero su sueño de poner pie en Estados Unidos se le convirtió en pesadilla cuando al caer del tren perdió sus dos piernas.

“Mi idea era trabajar en Estados Unidos para comprarme una casa y darle a mi hija todo lo que necesitaba para vivir bien. Ahora sólo deseo comenzar de nuevo, quizá aprender un oficio, como tallado de madera, para ayudar a mi familia”.

Cofamipro lamenta 1no tener un proyecto que les permita a estas personas tener reinserción laboral y social, pero mientras seguirá la búsqueda con la esperanza de encontrar a quienes se han ido “mojados” a EUA.

“De haber sabido que iba a perder un solo dedo, no me voy”: José

Originario de Locomapa, Yoro, José Luis Hernández es un joven de 23 años que llegó a El Progreso cuando era pequeño con la idea de encontrar un empleo que le permitiera ayudar a su familia.

Al no hallar la oportunidad que buscaba, decidió irse “mojado” a Estados Unidos, pero esa decisión le cambió totalmente la vida.

Ese viaje lo dejó inválido.

Él recuerda que se cayó de un tren de carga en Chihuahua, México, y se despertó en un hospital sin una pierna, un brazo y cuatro dedos de la otra mano.

“Emprendí el viaje durante veinte días en tren con la idea de llegar a México para buscar a un ‘coyote’ que me llevara a Estados Unidos. Algunas veces tuve que caminar largas distancias, soportando hambre y sed, pero cuando llevaba 19 días de viaje, mi cuerpo ya no soportó más, me desmayé y caí del tren, el cual me cortó una pierna, una mano y parte de la otra.

Recuerdo el ruido de los vagones que pasaban... luego, cuando los miembros de la Cruz Roja me sentaron, pude ver mi pierna deshecha y la sangre corriendo sobre mi cuerpo. Cuando desperté en el hospital, creí que sólo había perdido una pierna. Mi primera reacción fue llorar como un niño; pensaba en mi familia y el sufrimiento que les causaría... Recordaba que mis padres me habían pedido que no me fuera... Cuando me di cuenta de que también había perdido una mano y parte de la otra, deseé no seguir viviendo y le reclamaba a Dios por mi suerte.

Es triste porque uno se va por ayudar a la familia y cuando nos pasa esto, terminamos siendo una carga. Mi meta era ayudar a mi familia a hacer nuestra casa, comprar tal vez un carro para vivir mejor.

Para que llorar por lo que perdí, lloré lo que lloré; ya no me va a crecer un nuevo brazo o una nueva mano. Hay que seguir adelante.
Ahora pienso que de haber sabido que un dedo iba a perder en ese camino, no me voy. Las cosas que me tocó ver fueron espantosas, mujeres que las violan, gente que se cae y la mata el tren. Y eso es casi a diario. Lo que pasa es que casi nadie se da cuenta, quizás porque los cadáveres no los entregan, los queman.

No quisiera que más gente se fuera de ilegal a Estados Unidos para que no corra la misma suerte que yo. Es un sueño que se le convierte a uno en pesadilla. Después de ser alguien normal, lleno de vida.... Por ejemplo, yo tocaba guitarra, jugaba pelota, y de repente saber que ya no puedo hacer esas cosas, es muy triste. A veces sueño que estoy tocando mi guitarra y despertar de ese sueño es terrible”.

José Luis es un miembro activo de la iglesia en la que comparte sus experiencias y el amor que siente por Dios.

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Más de 600 personas que van “mojadas” a Estados Unidos han desaparecido en el camino, según datos del Cofamipro, cuyos miembros los buscan en Guatemala y México. Han encontrado 144 y 32 que retornaron con amputaciones.
Más de 600 personas que van “mojadas” a Estados Unidos han desaparecido en el camino, según datos del Cofamipro, cuyos miembros los buscan en Guatemala y México. Han encontrado 144 y 32 que retornaron con amputaciones.

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