Honduras
La principal fuente de ingresos para los habitantes de esta zona es el narcotráfico, de ahí que esa ilícita actividad ya es vista como una forma de trabajar. Mucha de la droga que comercializan los misquitos es la que dejan abandonada los narcotraficantes cuando son descubiertos por las autoridades en su travesía por llevar el alcaloide a los Estados Unidos.
Niños, hombres y mujeres están pendientes del sonido de un motor. Ésa es la señal que indica que está próxima a la zona una avioneta o una embarcación. Como hormigas llegan uno a uno a esperar; otros toman sus balsas y se lanzan a las aguas, saben que es su oportunidad y no la quieren desaprovechar. “Este es nuestro trabajo, de esto vivimos y si hay mal tiempo las cosas son mejores porque los bultos o maletas salen más fácil. Vivimos de esto, sabemos que no es legal pero es algo tenemos que hacer para sobrevivir”, dijo uno de los vecinos de Wanpusirpe en la zona selvática.
Los misquitos en la noche rondan las playas porque ellos saben que las aeronaves, cuando están bajas de combustible, arrojan fardos para quitarse peso de encima y así optimizan el carburante para lograr llegar a las pistas de aterrizaje clandestinas que existen en otros lugares del país.
Poco control
Otras tienen como destino este lugar, donde se abastecen o contactan a otros miembros de la red para transportar el producto internamente. “Casi a diario tenemos actividad, en la noche es cuando se hace el trabajo de recolectar las maletas. Yo no la consumo, pero para mí significa dinero así que no le hago mal a nadie, simplemente es una manera de ganarme la vida”, dijo uno de los misquitos cuando alistaba su balsa. Constantemente llegan barcos pesqueros con combustible a la zona, donde es almacenado en barriles que abastecen a las aeronaves que tienen como escala La Mosquitia, luego salen los embarques de droga hacia el interior del país, Guatemala, Belice, México, Estados Unidos, el Caribe y Europa.
Los propios misquitos aseguran que en los últimos años el narcotráfico ha generado que personas de otros sectores del país se muden a esta zona.
“Mire que hay gente que ha llegado para meterse de lleno en lo de la droga. Todos quieren hacerse ricos, cueste lo que cueste. Esto ha provocado algunos problemas con nosotros, y qué podemos hacer, la mayoría no hemos terminado de estudiar, nos estafan, nos humillan y a muchos hasta las tierras nos han robado”, dijo uno de los pobladores que pidió que no le se le tomara fotos. El poco control policial y las distancias en zonas postergadas hacen que La Mosquitia sea el punto ideal para el trasiego de la droga. Las autoridades casi siempre llegan cuando la cocaína ha sido sacada de las aeronaves o lanchas que han sido incineradas.
Muchos de los pobladores ganan entre 20 y 500 dólares por guardar silencio o por bajar la cocaína. Otros se van a alta mar buscando las maletas de coca. La droga que rescatan la almacenan en sus casas a la espera que lleguen los capos locales o miembros de las redes internacionales a comprarla.
Albergue de pilotos
Los misquitos manejan los dólares como si fueran lempiras, es el pago que reciben por proteger el producto que tiene que ser abandonado cuando las aeronaves o embarcaciones son sorprendidas por la DEA o el Ejército.
También prestan otros servicios a los narcotraficantes como proporcionar logística, combustible y dar albergue a los pilotos cuando el caso lo amerita y marcan las pistas donde llegan las narcoavioentas, recogen la droga si es necesario para no ser descubiertos. Además colaboran en la destrucción de las naves para no dejar rastro alguno.
El vasto terreno selvático de La Mosquitia se presta para la narcoactividad porque, debido a su extensión, es difícil que las autoridades policiales tengan una buena vigilancia. Eso permite que en muchos municipios existan varias pistas para el aterrizaje de aeronaves con droga.
El año anterior la Policía, mediante la operación llamada “Warunta 09”, desmanteló una banda en los momentos que preparaba una pista para el aterrizaje de una avioneta con una planta eléctrica y luces. La organización había montado en el lugar un campamento equipado con logística para el apoyo a las aeronaves en los descensos.
Con el desmantelamiento de la organización se descubrió que formaban parte de una red compuesta por 40 personas de Honduras, México y Guatemala. Cuando caen las aeronaves las descargas las hacen en menos de diez minutos porque todos los movimientos los tienen bien planificados para evitar ser descubiertos por la Policía. De esta actividad ilícita los pobladores de la zona han hecho un modo de vida.
Lugares de llegada
Los principales centros de acopio de la droga utilizados por los narcotraficantes son Puerto Lempira, Cauquira, Brus Laguna, Wanpusirpe, La Laguna Evans, Llano de Samil, Warunta, Raya, Palacios y el municipio Juan Francisco Bulnes que tiene 14 pistas de aterrizaje. Éstas son comunidades donde la principal actividad económica es el trafico de la cocaína.
Los misquitos, en su mayoría, han dejado sus ocupaciones de buzos para dedicarse al lucrativo y menos sacrificado negocio del narcotráfico.
En los llanos de Warunta y Samil hay muchas pistas clandestinas y la llanura extensa de la zona permite que las condiciones sean óptimas para el aterrizaje de aeronaves y que puedan pasar inadvertidas. Un informe elaborado por la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, DLCN, señala que las bandas del narcotráfico tienen en este sector un alto nivel organizativo por lo importante que es La Mosquitia para sus operaciones.
“La existencia del campamento en Warunta representa un salto organizacional, cualitativo y cuantitativo de las organizaciones dedicadas al narcotráfico que se aparta de lo tradicional y pone a Honduras como una plataforma internacional de importancia para los productores de droga en el sur, como las Farc, y para los cárteles mexicanos con cómplices guatemaltecos”, dice el informe.
El documento destaca que las operaciones aéreas se apoyan desde San Pedro Sula y múltiples pistas clandestinas en el país. Los narcos han hecho varias rutas en el bosque para transportar la droga, porque aparte de usar el río Plátano y el río Sico, para salir a Colón y Olancho a bordo de lanchas y cayucos, también se auxilian de bestias para llevarla vía terrestre a otros lugares. Las pistas que han construido clandestinamente miden de 500 a 3,000 metros de largo. La gente armada predomina en el sector.
