Honduras
Usando como base de operaciones la embajada de Brasil en Tegucigalpa, el destituido mandatario Manuel Zelaya volvió a llamar a la insurrección.
Esta vez, llamó a sus seguidores a “una ofensiva final”. Horas antes, el mismo presidente del país que lo refugia desde que llegó furtivamente a Honduras, Luiz Inacio Lula da Silva, le había pedido moderación mientras estuviese en las instalaciones de esa sede diplomática.
Pero esa petición al parecer no fue atendida, pues el sacerdote Andrés Tamayo, actuando como activista del movimiento de Zelaya, salió ante los medios a llamar a una gran manifestación para este día.
“Se ha hecho la convocatoria nacional para que los campesinos y otros sectores se concentren en Tegucigalpa, y ya habían comenzado a salir algunos para hacer más masivas las manifestaciones” en Tegucigalpa, les dijo el religioso a agencias.
Tamayo, con unas 60 personas, acompaña a Zelaya en la embajada de Brasil desde el pasado lunes, cuando el ex presidente regresó secretamente al país y se refugió en esa sede diplomática.
“Los campesinos se están moviendo individualmente”, explicó.
Tres meses
Hoy se cumplen tres meses desde que Zelaya fue destituido de la Presidencia por, según la Corte Suprema de Justicia, haber violado la Constitución al intentar instalar una Asamblea Nacional Constituyente que derogara la actual Constitución y redactara una nueva, donde pudiese reelegirse en el poder.
El Congreso Nacional nombró en su lugar al entonces titular de ese poder, Roberto Micheletti, para que dirigiese un gobierno de transición y asegurara las elecciones generales del 29 de noviembre de 2009. Micheletti se ha comprometido públicamente a entregar la Presidencia al ganador de esos comicios en enero de 2010.
A pesar del rechazo internacional, por considerar que la salida de Zelaya es un golpe de Estado, un reciente estudio de la Biblioteca Legal del Congreso de Estados Unidos confirmó que la salida de Zelaya fue legal, apegada a la Constitución y las leyes hondureñas, por haber violado los máximos estatutos de este país.
Pide apoyo
Zelaya siguió pidiendo el apoyo internacional. “Ellos -los embajadores- no vienen a respaldar al señor Micheletti, vienen a respaldar el Gobierno democrático que fue depuesto por el golpe de Estado. Quisiera que más bien entendieran que vienen a promover el diálogo”, subrayó, al referirse a los miembros de la OEA que fueron devueltos ayer cuando pretendían entrar por el aeropuerto Toncontín.
También dijo que pidió a los embajadores que se han ido del país que lo “apoyen, así como lo está haciendo el embajador Hugo Llorens (de Estados Unidos), como lo está haciendo Brasil”.
Zelaya cree que “ha habido un malentendido” de Micheletti, por lo que aprovechaba la ocasión “para aclararle”.
Sobre la advertencia del gobierno de Micheletti a Brasil para que defina antes de diez días su estatus en la embajada de ese país, expresó.
“Eso no contribuye absolutamente a la paz ni a la concordia” que necesitan los hondureños para llegar a un arreglo. “Esas amenazas nos ponen en muy mal evidencia contra el mundo y no están realmente contribuyendo a buscar un acuerdo ni a llamar al diálogo, sino más bien a distanciarse de los demás países del mundo”, opinó.
En reiteradas ocasiones, durante el tiempo que Zelaya estuvo fuera del país, pidió a la comunidad internacional fuertes sanciones contra Honduras.
Las marchas
En las marchas del sábado y el domingo, la llamada “resistencia” movilizó a cientos de personas de todas las edades, incluso niños, portando banderas de Honduras en azul y blanco, otras rojas, negras y amarillas, y algunas de Brasil, Cuba y Venezuela.
En las marchas, con una fila de militares a la derecha y policías a la izquierda, los manifestantes gritaron consigas contra Micheletti, las Fuerzas Armadas, empresarios, políticos, religiosos católicos y evangélicos, periodistas y medios de comunicación.
En la manifestación, líderes del movimiento en resistencia instruyen a los manifestantes a que sigan en tres filas o que “no provoquen, ni se dejen provocar”, lo que también les recuerda megáfono en mano Dionisia Díaz, de 75 años, quien indicó a EFE que también participó en la huelga bananera de 1954 en el norte de Honduras.
Un reducido sector de la economía informal se favorece con las marchas, como los vendedores de helados, agua en bolsa, refrescos, comida, dulces, frutas, sombreros, sombrillas, camisetas, llaveros y música pirateada alusiva a la protesta para exigir la restitución de Zelaya en el poder. Redacción y Agencias
