Honduras
Cuando Chelato Uclés ve el programa de televisión Bailando por un Sueño piensa que algunos de los participantes no saben realmente cómo se bailaba el rock o el twist. “Lo digo con propiedad porque, aunque no soy bailarín, he estudiado los pasos de esos bailes que tengo grabados en mi videoteca”, dice el veterano entrenador de fútbol.
Esta vez José de la Paz Herrera, como realmente se llama, dejó a un lado el balón para poner al descubierto sus vastos conocimientos sobre cultura general, incluyendo sus aficiones por la música y el arte.
Herrera disfruta tanto de la Novena Sinfonía de Beethoven como de las melodías y los bailes populares, especialmente los de su conservadora época juvenil. “Pregúnteme sobre cualquier cantante que se le venga a la mente, que yo los tengo en mi hemeroteca, desde Carlos Gardel hasta los cantantes de la nueva ola”.
El entrenador es un empedernido romántico, enamorado de la vida y de las mujeres. “A ellas les gusta mucho que las halaguen, yo siempre resalto sus cualidades físicas, pero si no las tienen alabo sus cualidades espirituales; pero nunca les miento”, confiesa el técnico.
Dijo que si bien la virginidad es lo más preciado que una mujer puede entregar a un hombre no es precisamente algo que el hombre debe buscar para sentirse realizado en el amor.
Chelato es un soltero con seis hijos ya preparados, que espera encontrar pronto un amor, como cualquier otro hombre solo, tomando en cuenta que para el amor no hay edad, según expresó.
Como parte de su trabajo, el técnico permaneció durante un año en Belice, de donde, dice, regresó rejuvenecido, pues es un país con un ambiente no muy contaminado, propicio para entregarse a la lectura, uno de sus grandes pasatiempos. “Yo leo de todo, hasta de medicina natural, por eso puedo hablarle de los beneficios del té verde; pero me apasiona sobre todo la historia y las biografías.
Como decía Winston Churchill, si quieres conocer al mundo lee biografías”.
Desde los 15 años leía revistas sobre hechos reales, vidas ilustres y epopeyas; pero “eso fue sólo un calentamiento”, porque después pasó a las obras de los grandes autores como Víctor Hugo y Rubén Darío o las biografías de personajes como Napoleón Bonaparte y Hitler.
Tanto ha leído Chelato que se siente capaz de batirse en un diálogo con un historiador, lo mismo que podría hacerlo con un pastor evangélico hablando de la Biblia.
“Creo que conozco la Biblia, por eso no estoy de acuerdo con el diezmo que piden los pastores porque no lo usan para ayudar a los necesitados, sino a la misma iglesia. El diezmo fue creado para los pobres, así está establecido en la Torá, o sea la ley que Dios le entregó a Moisés. Por eso en la etapa de los judíos no había pobreza”, reflexionó Herrera.
Indicó que él no necesita involucrarse en ninguna religión porque “en la Biblia tengo el manual de la vida y trato de hacer lo que Dios ordena”.
“No me daban la palabra”
Su paso por el Congreso Nacional como diputado liberal le sirvió para conocer las necesidades del país y poner en práctica su vocación de servicio hacia los pobres. “Yo fui a los barrios sin guardaespaldas, a lugares adonde otros diputados no llegan, a resolver esos problemas”.
Sin embargo, su labor no fue muy conocida porque no lo veían participar en las sesiones. Eso se debía a que el entonces presidente del Congreso Nacional, Roberto Micheletti, no le daba la palabra. “No fue justo conmigo, a otros les daba hasta dos veces la palabra pese a que sus argumentos eran muy pobres”.
Recordó que una periodista capitalina quiso ponerlo contra la pared al preguntarle qué es lo que había hecho como representante del pueblo. Como respuesta, el parlamentario le entregó un video con grabaciones de sus recorridos por las zonas marginales y las áreas rurales adonde había ayudado a resolver problemas comunales o crear cines recreativos con pantallas plasma “para que los hombres en la noche no se fueran a los estancos”. Poco después esa misma periodista lo declaró el diputado del año en su medio de comunicación.
Fue cadete
Su filosofía es que no basta con condolerse del sufrimiento de otros, sino actuar para ayudarlos. “La bondad se sustenta sobre hechos, no sobre sentimientos”, dijo al extraer un pensamiento de sus apuntes.
Siempre lleva en sus bolsillos una o dos libretas en las que condensa sus libros preferidos para tener siempre lo más importante a su disposición sin necesidad de cargarlos.
Recordó que siendo jovencito, su padre lo metió a la academia militar, pero se salió, siendo cadete, porque no tenía vocación para el manejo de las armas. Sin embargo, logró conocer bien la mentalidad de los militares. “Son ambiciosos por excelencia, desde que están estudiando expresan sus deseos por alcanzar los mejores puestos. No nos engañemos, ellos son los que mandan todavía”.
Cierta vez puso en jaque a un oficial a quien le propuso que diera el ejemplo haciendo el servicio militar como se lo exigían a los muchachos pobres en una época. El hombre de estrellas “se molestó, no le gustó la idea”.
Chelato acepta que no deja de tener sus malos momentos, pero dice que logra tranquilizarse con recordar las cosas buenas que le han sucedido; por ejemplo, haber estado en una copa mundial como entrenador de la Selección Nacional y ser declarado la revelación en ese campeonato.
“Dinero del Congreso Nacional se me iba en ayudar”
El entrenador de fútbol José de la Paz Herrera ha puesto en práctica lo que una vez escuchó del cantante y escritor argentino Facundo Cabral: sé blando y jamás habrá de dolerte el corazón.
No se considera un hombre bondadoso, pero cree que ha hecho lo pertinente para ayudar a las personas que carecen de recursos económicos.
Es el caso del hijo de una mujer que pedía limosna en los bajos del edificio del Congreso Nacional, CN, a quien todavía ayuda para que logre terminar sus estudios. Sabiendo que aquel niño era talentoso, lo hizo que se aprendiera de memoria el poema “A Margarita Debayle” de Rubén Darío para que lo recitara ante los diputados. Luego lo matriculó en una escuela de artes y oficios de la capital y aún después de haber dejado el parlamento le siguió dando el apoyo que su madre no podía darle.
El Congreso Nacional dejó mal económicamente a Chelato. “Mientras otros parlamentarios conseguían mucho y se la pasaban viajando, a mí se me iba el dinero en ayudar a la gente o en andar bien vestido para asistir a las sesiones”.
Reveló que, a fin de recuperarse, tuvo que sacar un permiso para trabajar como técnico del Marathón.
“Me salía mejor el fútbol que ser diputado”. Sin embargo, el Congreso le sirvió para aprender cómo se maneja el país: “Era lo único que me faltaba aprender después de haber conocido el mundo a través de la lectura y los viajes que hice a muchos lugares históricos, como la casa de Bonaparte”.