Honduras
Cuatro albañiles aficionados del Motagua murieron acribillados el domingo anterior cuando sujetos desconocidos los atacaron a tiros, a pocos metros del atrio de la iglesia Suyapa, en pleno centro de la ciudad de Comayagua.
Las víctimas fueron identificadas como Bryan Giovanni Alemán Sierra, 19, a quien se le podían distinguir doce balazos en el abdomen y cabeza; y junto a él se encontraban sus primos hermanos Joel Alexander Urbina Bueso, 23, Milton Adán Urbina Bueso, 20, y Rafael Antonio Martínez Chávez, 23.
Un familiar de uno de los muertos aseguró que ellos no tenían nada que ver con las barras de los equipos grandes de la capital, pero que eran aficionados del Motagua.
Prosiguió que los cuatro se dedicaban a trabajar como ayudantes de albañilería y que no tenían enemistades personales ni relación con maras, por lo que desconocen los motivos del sangriento suceso.
Según lo relatado por un doliente, la balacera sólo se puede comparar con una guerra.
A las nueve de la noche, los hermanos Urbina y sus dos vecinos salieron de la pulpería de un pariente de ver el partido de fútbol que se disputaron los equipos Motagua y Real España en el estadio Nacional capitalino.
Al finalizar el encuentro deportivo, los muchachos salieron del negocio y se quedaron parados en una esquina, cerca de la iglesia, tomándose un refresco y platicando. De repente, aparecieron cinco individuos con fusiles AK-47 y armas 9 milímetros y sin mediar palabra abrieron fuego contra ellos, infiriéndoles múltiples balazos que les provocaron la muerte al instante.
Un equipo de la Dirección Nacional de Investigación Criminal, DNIC, realiza las pesquisas orientadas a establecer si la muerte de los cuatro jóvenes de Comayagua tienen relación con pleito de barras.
Fue muy dramático ver a la señora Besy Alemán, compañera de Joel Urbina, junto a su niño Sahíd, que pedía ver a su papá para que lo llevara a jugar fútbol, al igual lo fue la joven Marylin que recién había procreado a su hijo Diego Armando y estaban a la espera de los cuerpos para poderlos velar en el templo de la Virgen de Suyapa, a la que asistían regularmente.
Los familiares se resignan a esperar la justicia de Dios.
