Sudáfrica
El amor por la Bicolor no tiene límites. Cada vez que el equipo nacional juega hay una historia de lealtad que contar.
Miguel López, un sampedrano con 28 años de residir en Miami, lucía orgulloso la bandera sagrada en el aeropuerto de Johannesburgo, mientras centenares de mexicanos y sudafricanos pasaban a su lado cantando porras desafiantes como ensayo para el partido inaugural del próximo viernes.
“Siento un tremendo orgullo de ser catracho y de que mi selección esté en el Mundial. ¿Cómo me lo iba a perder? Vamos a hacer historia, hermano. Estoy seguro de que clasificaremos a octavos. No tengo complejos y lo mismo espero del equipo en la cancha. No somos menos que nadie; incluso a España no le vamos a empatar como en Valencia en 1982, sino que le vamos a ganar”, dice mientras su rostro irradia emoción.
López recuerda que desde el año pasado tomó la decisión de venir a Sudáfrica. “Ando solo porque a mi familia no le gusta el fútbol. ¿Mis amigos? No pudieron venir por asuntos laborales. Pero qué importa eso, incluso me vine a puros tarjetazos, después voy a ver cómo hago para pagar esas tarjetas de crédito. En estos momentos no pienso en eso; es lo de menos. Lo único con que sueño es con oír las notas de nuestro himno en África”.
Sacando de su equipaje la peluca azul y blanco y la camiseta de Motagua estaba López cuando llegó a saludarlo el “Charro Negro”, pintoresco aficionado mexicano que asiste a los mundiales a apoyar al Tri desde Italia 90 y a los atletas aztecas desde los Juegos Olímpicos de Seúl 88.
Ni siquiera habían terminado de acomodarse para la foto cuando se les sumó el colombiano Luis Alberto Torres, aficionado del Victoria de La Ceiba que buena parte de su vida ha residido entre Tegucigalpa y la carnavalesca ciudad del litoral.
“Nací en Colombia, pero me siento hondureño. Desde hace año y medio vivo aquí en Sudáfrica; razones de trabajo y de estudio me obligaron a mudarme”, expresó.
Minutos después arribaba desde Tegucigalpa, luciendo la camiseta azul y blanco, el resto de la familia Torres integrada por Luis, el patriarca, María Teresa, Martha de Torres, el pequeño Gabriel y Julio Meléndez.
“Venimos a apoyar a la Selección hondureña y al profesor Reinaldo Rueda. Somos colombianos, pero queremos mucho a Honduras”, señaló Martha.
