Francia
Francia logró su billete para el Mundial de Sudáfrica en el último suspiro, merced a una mano de Thierry Henry que le permitió superar la repesca frente a Irlanda, al término de una mediocre fase de clasificación en la que perdió todo el brillo que se había ganado como subcampeona en Alemania.
Como los jugadores, todos ellos de primer nivel bien situados en clubes punteros, no son sospechosos, todos los dedos acusadores apuntan al seleccionador, Raymond Domenech, como responsable de que un equipo plagado de estrellas sea incapaz de producir buen fútbol.
En ese contexto, la subcampeona del mundo llega, errante, al Mundial de 2010, con un equipo sin identidad, sin un líder claro y con un entrenador cuestionado, en el ojo del huracán. Domenech vive del segundo puesto logrado en Berlín.
De aquella gesta obtiene el poco crédito que le resta y que está vinculado con su capacidad de sobreponerse a las circunstancias complicadas, de salir fortalecido cuando todo parece perdido. Así fue la clasificación para el Mundial de 2006, cuando se vio obligado a llamar a la generación de Zinedine Zidane, que ya había dejado la selección, para lograr el billete para Alemania.
Y así fue la fase final germana, plagada de problemas, de roces con la prensa, pero en la que fue dejando en la estacada a selecciones con el brillo de España, Brasil y Portugal antes de la final contra Italia.
Un duelo dramático para Francia y para Zidane, el que vivía su último partido y que perdió los papeles en un inesperado cabezazo a Materazzi, un lance que acabó por desquiciar a “Les Bleus” que, huérfanos, perdieron la copa en la tanda de penales.
En el ojo del huracán Fue el último aldabonazo de aquella generación y el postrero golpe de genio de Domenech que, desde entonces, no ha vuelto a hacer brillar al equipo.
La eliminación de Francia en la primera fase de la Eurocopa de 2008 puso al seleccionador en el disparadero; pero la Federación no encontró un sustituto de confianza y se resignó a prolongar su compromiso con la obligación de que el equipo jugara más ofensivo y que el técnico se comprometiera a mejorar la comunicación.
Domenech no cumplió ninguna de las dos premisas y durante la fase de clasificación para el Mundial exhibió un juego carente de identidad que le valió silbidos en todos los campos galos en los que apareció.
El seleccionador ha ido perdiendo apoyos y, pese a la clasificación, la prensa francesa no duda ya en cuestionar su continuidad antes de que comience la fase final. Pocos creen que la Francia de Domenech pueda igualar el subcampeonato logrado cuatro años antes y, menos aún, el triunfo de 1998, la mayor gesta de “Les Bleus”.
