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“El corredor del placer” está lleno de hondureñas

En las zonas de la frontera entre Guatemala y México es fácil encontrar catrachas que trabajan en los bares de prostitución
14.06.11 - Actualizado: 17.06.11 02:16am - César André Panting, Enviado Especial LA PRENSA: redaccion@laprensa.hn

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Chiapas,

México

La belleza característica que distingue a las hondureñas las ha convertido en el blanco favorito de los traficantes de personas que buscan jóvenes hermosas para “surtir” los bares, cantinas y prostíbulos que se encuentran en un corredor de explotación sexual que va desde Guatemala hasta México.

Ver serie: Esclavas sexuales, la realidad de hondureñas

“El corredor del placer” es la zona donde están los primeros bares y negocios donde las hondureñas se comercializan sexualmente al llegar.

Este corredor abarca desde La Mesilla, Guatemala, y sus comunidades cercanas hasta cruzar la frontera para entrar en México por ciudad Cuauhtémoc, Chiapas, y de ahí continúa su extensión, pasando por Comalapa, Motozintla y muchos otros pueblos pequeños hasta llegar a la ciudad de Tapachula, todo esto en el estado de Chiapas.

Las hondureñas también puede ser llevadas por otro de los puntos de la frontera sur que es Tecún Umán, Guatemala, hasta entrar en Ciudad Hidalgo, también en el estado de Chiapas de México.

El problema de la trata de personas no se encuentra sólo en Chiapas, sino en muchas otras zonas de México, pero Chiapas se distingue por ser un paso casi obligatorio para las víctimas de la trata de personas.

Hondureñas están por todas partes

En las zonas donde se presentan más casos de trata de personas es común que los negocios no estén nombrados debidamente e incluso algunos están registrados e identificados como si se tratara de una broma de mal gusto.

“Restaurante 100% familiar, caseta, botanero familiar” y descripciones por el estilo acompañan el nombre de muchos de estos negocios de prostitución de menores.

Durante el recorrido nos hizo detenernos algo que no se podía pasar por alto: una mujer en la puerta de un bar con la camiseta de la Selección de fútbol de Honduras.

Al principio pareció un golpe de suerte, entre tantos kilómetros y tantos bares, encontrar uno en el que justamente trabajara una hondureña, pero al llegar al negocio y hablar con ella quedó claro que no era ninguna casualidad: estábamos en la zona indicada.

Eran las diez de la mañana y la caseta Yari ya estaba abierta. La joven con la camiseta de Honduras se hizo llamar “Jeny” y relató que es de Tocoa, Colón, y que en el mismo negocio trabajan tres hondureñas más, entre las que se encuentra su hermana mayor.

La muchacha manifestó que no era extraño haber encontrado a un grupo de hondureñas trabajando en un bar de la región. “Toditas las cantinas de aquí están llenas de hondureñas, sólo es que vayan a preguntar a cualquiera para que vean que es cierto. Lo que pasa es que a los hombres de aquí les gustan bastante las catrachas”, dijo.

Otra de las compatriotas del lugar dijo que se llamaba “Yensi” y reveló que ya tiene dos hijos.

Agregó que no soporta a los hombres que llegan al bar solicitando sus servicios, pero que no le queda más que aguantarse y disimular.
“En este lado de La Mesilla vienen unos indios que ni hablar español pueden. Me cae mal cuando se me acercan y cuando me tocan. No saben ni decir bien que quieren una cerveza o un ‘pico’, pero hay que atenderlos pues, ni modo, porque el dueño siempre se está fijando en todo y si un cliente se va se enoja”, comentó “Yensi”.

La menor de todas las hondureñas del bar se identificó como “Lucy”. Ella tiene menos tiempo tiene de estar en el antro y repitió en varias ocasiones que desea volver a su país.

“Tengo una semana de haber venido y ya quiero irme. Mi hermana me dice que me aguante, pero me quiero ir. Aquí es horrible”, manifestó.

Una de las hondureñas, que parecía tener el liderazgo y no quiso brindar ni siquiera un nombre falso, constantemente le daba órdenes a Lucy. “Anda a bañarte, apurate que ya van a venir los clientes y tenés que andar limpia, si no, nadie te va a querer agarrar”, le decía.

Como a las once de la mañana ingresaron seis hombres fuertemente armados en el bar y dos de las hondureñas que hablaban con el equipo de investigación de LA PRENSA inmediatamente fueron a sentarse a la mesa con ellos.

Al consultarle a “Yensi” si era peligroso seguir ahí, se limitó a mostrar la puerta del bar, que tenía al menos cinco agujeros de bala. Así terminó la entrevista con las hondureñas.

Comalapa, el centro de la tormenta

Después de entrevistar a varios representantes de derechos humanos en México, a autoridades del Gobierno mexicano y conocedores del tema de la trata de personas, un nombre se repitió en cada entrevista, señalado como centro de la trata de personas: Comalapa.

Comalapa es un pueblo pequeño en el que se ha identificado a varias víctimas de explotación sexual y es reconocido como uno de los puntos principales en que las mujeres pasan el periodo de “adaptación” antes de ser enviadas a prostituirse a otras regiones.

Héctor Pérez, coordinador en la frontera sur de Tapachula de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, habló sobre esta preocupante realidad.

“Comalapa es uno de los lugares que más comúnmente señalan las víctimas. Ahí han sufrido este tipo de eventos relacionados con la trata de personas”, aseguró Pérez.

Mencionó la predilección por las catrachas que tienen los traficantes de personas para comercializarlas sexualmente.

“Regularmente, en los casos de explotación encontramos que son hondureñas y también salvadoreñas y guatemaltecas. Las autoridades hacen esfuerzos, pero claro que podrían hacer mucho más”, declaró el coordinador.

Pérez comunicó que en lo que va de 2011 sólo en su institución se ha entrevistado a 40 personas víctimas de la trata de personas.

Pero el “corredor del placer” sigue ahí, guardando incontables historias y secretos, ocultando el sufrimiento y dolor de mujeres y menores que anhelan ser rescatadas, que quieren ser escuchadas, que esperan, como dicen por esos lados, que las autoridades de Honduras, Guatemala, El Salvador y México no se sigan “haciendo de la vista gorda”.

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Desde temprano por la mañana, estas hondureñas comienzan a atender en un bar cerca de La Mesilla, Guatemala.
Desde temprano por la mañana, estas hondureñas comienzan a atender en un bar cerca de La Mesilla, Guatemala.

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