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Norma Love, comparte amor en La Mosquitia

La profesora Norma Love de Morfi, egresada del Instituto José Trinidad Reyes de San Pedro Sula, quedó prácticamente atrapada en Mocorón, Gracias a Dios, por los encantos de esta zona y la necesidad de socorrer a los hermanos misquitos
29.01.11 - Actualizado: 29.01.11 05:02pm - Renán Martínez: redaccion@laprensa.hn

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La Mosquitia,

Honduras

La profesora Norma Love cambió sus zapatos de tacón alto y sus vestidos de organza por las botas de hule y los pantalones vaquero para ir a vivir a La Mosquitia con la idea de ayudar a mitigar el sufrimiento de los pobladores de esa inhóspita región de Honduras.

Llegó por primera vez en 1988 a Mocorón, una de las más remotas comunidades de la jungla primitiva, empujada por el destino con la intención de desarrollar un proyecto sobre lingüística como profesora de la Universidad de Alington, Texas.

Cuando abordó una avioneta en La Ceiba, gobernada por un piloto ebrio que quería asustarla haciendo maniobras en el aire, no se imaginó que después quedaría atrapada por el embrujo de la “Amazonia” hondureña y el deseo de ayudar a sus habitantes.

Al fin aterrizaron bajo una fuerte lluvia en Puerto Lempira, donde ya le esperaba el comandante de la Cruz Roja, Omar Suazo, para trasladarla a Mocorón. Conocer aquellos laberintos selváticos fue para ella como descubrir otro mundo.

Cumplió promesa de volver

La jovencita Love se había graduado en el instituto José Trinidad Reyes de San Pedro Sula, después de lo cual emigró hacia Estados Unidos para hacerse maestra bilingüe, “gracias al estímulo de una abuela bella” que quería su superación.

Allá se casó con un norteamericano y tuvo dos hijas que todavía siguen a su lado, aunque la profesora tiene un pie en Estados Unidos donde se nacionalizó, y otro en La Mosquitia. Cuando hizo su primer viaje a este lugar ya estaba divorciada.

Después de haber desarrollado sus proyectos de investigación en Mocorón, decidió abordar de nuevo la avioneta que la trasladaría a La Ceiba para emprender el viaje de regreso a Estados Unidos, pero algo la detuvo: la mano de una anciana que le pedía un lempira para comprarle aunque sea agua azucarada a la criatura que cargaba en sus brazos envuelta en un trapo.

“Levanté la manta y vi la cara de un niño deshidratado, le reclamé a la señora por qué no lo llevaba a Médicos sin Fronteras que en ese momento estaba dando asistencia médica gratuita”, recordó la profesora Love. La respuesta que le dio la anciana era valedera. “Si espero a hacer esa enorme fila, cuando llegue al médico, el niño ya se me ha muerto”.

En ese momento apareció una enfermera de la organización internacional y le ordenó a la mujer que volviera a la fila, pero esta vez fue la profesora Love quien detuvo a la anciana y mirándola a los ojos le dijo: “aquí está el dinero que me pides, pero te prometo que volveré en Diciembre con ayuda para ti y para tu niño”.

Aparte de haber cumplido con la misión encomendada por la Universidad de Arlington, Love había hecho un estudio completo de la situación en que viven los misquitos, el cual presentó a sus estudiantes. Niños tomando agua contaminada de los ríos, mujeres solas porque sus maridos murieron o resultaron lisiados en una guerra ajena, la de los sandinistas y los contras de la cercana Nicaragua; pueblos alumbrándose con ocholes de ocote porque no conocen la luz eléctrica y miseria, mucha miseria, en medio de tanta belleza natural. Era el panorama que presentaba la profesora Love en sus exposiciones.

“Ayudemos a esa gente profesora”, fue la voz unánime de los estudiantes y de todas aquellas personas que la escuchaban. Así comenzó a llenar muchas cajas con donativos para enviar a Mocorón a través de instituciones que también se ofrecieron a transportarla. Ella llegó después a distribuir la ayuda que había sido depositada en las instalaciones del Quinto Batallón de Infantería.

En medio de tanta gente que tendía la mano por un par de zapatos, una mudada, un enlatado, una medicina o un juguete, buscó a la anciana del niño deshidratado, pero nadie le dio razón de ellos.

La profesora viajó también a las aldeas aledañas a Mocorón en pipantes (rudimentarios cayucos con motor), en busca de más personas a quienes socorrer.

Una semillita de amor

Nuestra entrevistada dice que los misquitios no son haraganes como los pintan sus detractores. “Si tienen semillas y un azadón, los va a ver sembrando su yucalito. Las mujeres trabajan a la par, si no tienen marido se van solas al campo”. Son sobre todo, agradecidos por muy insignificante que sea la ayuda que les den.

Recordó que mientras iba en uno de esos pipantes para un aldea, se encontró en el trayecto a una mujer con un hijo en brazos y como era época navideña, le regaló un juguete.

Cuando regresaba estaba la mujer a la orilla del río esperándola para regalarle dos huevos de gallina. “Gracias por el juguete, esto es lo que yo tengo para regalarle”, le dijo la misquita.

Mientras colaboraba con las brigadas médicas la profesora Love conoció a Horacio Morfi, un misquito enfermero de quien se enamoró y ahora es su esposo.

Cuando a ella se le terminaron los recursos para seguir socorriendo, surgió la mano de un amigo norteamericano que le entregó los papeles de la Fundación Norma Love, gracias a la cual ha logrado difundir su labor y captar más apoyo para sus protegidos, pero las necesidades son tantas que las ayudas se diluyen como el azúcar en el agua.

“Son más los niños que padecen malaria que los que tienen zapatos. Desgraciadamente no hay suficientes pabellones para protegerlos de los mosquitos, ni zapatos para los descalzos”.

A sus 62 años la dama no cesa de hacer honor a su apellido, que en inglés significa amor, mientras se pregunta qué sería de la anciana y el niño deshidratado, quienes fueron su inspiración para sembrar una semillita humanitaria en la jungla hondureña.

Necesidades no tienen límite

Como presidenta de la Fundación Norma Love, la humanitaria mujer trabaja en incontables proyectos como los de reforestación y crianza comunitaria de cerdos para consumo y venta.

La fundación construye además casas cómodas para madres solteras y viudas con hijos. Con la ayuda del Club Rotario de Texas se siguen instalando pozos prácticos para agua potable, como también letrinas.

La profesora Love dice que por falta de fondos está pendiente la instalación de paneles solares, lo mismo que la construcción de un gimnasio en la Escuela de Mocorón.

Todos estos proyectos tienen por objetivo suplir las necesidades y derechos fundamentales de miles de hermanos misquitos extremadamente pobres, para que tengan viviendas dignas, escuelas en buenas condiciones, agua potable, fuentes de ingresos comunitarios y de ser posible, donaciones de leche, zapatos, medicinas, sillas de ruedas y juguetes.

Ella viaja dos veces al año a Arlington, Texas para motivar a sus ex alumnos, ahora adultos profesionales, boy scouts, maestros, rotarios y amigos en general, para recolectar toda clase de artículos, alimentos enlatados, equipo médico para el hospital de Puerto Lempira, juguetes o útiles escolares, para enviarlos a La Mosquitia.

Todos estos donativos, Norma y personal voluntario los reparten en aldeas y caseríos remotos para aliviar un poco las grandes necesidades de los pobladores. También recibe un promedio de tres brigadas médicas al año.

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La profesora Norma Love ayuda a los pequeños en La Mosquitia.
La profesora Norma Love ayuda a los pequeños en La Mosquitia.

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