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Aberrado abusó 20 años de su hija y sus 3 nietas

Manuel González procreó cuatro vástagos con su propia hija; también abusaba de sus hijas-nietas; ellos vivían en cautiverio, no fueron a la escuela ni tenían contacto con la gente
27.06.10 - Actualizado: 28.06.10 08:09am - Xiomara Orellana: xiomara.orellana@laprensa.hn

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Pie del Cerro, Ocotepeque,

Honduras

Apesar de descubrir y probar que Manuel de Jesús González, 67, violaba a su hija desde hace 20 años, que procreó hijos con ella y que abusó de sus hijas-nietas, la justicia llegó demasiado tarde. El caso se descubrió en Pie del Cerro, Ocotepeque, pero tuvieron que pasar 812 días para que un Tribunal decidiera sacar al aberrado de la casa en que convivía con sus víctimas y enviarlo a la cárcel.

El infierno de estas jóvenes comenzó en 1980 cuando murió la esposa de Manuel. González, ya solo, comenzó a hacer vida marital con su propia hija, Blanca, de ocho años entonces, y procreó cuatro hijos con ella.

Los únicos testigos del horror de esta familia son las paredes de adobe y el piso de tierra, que con tan sólo un cuarto albergó durante esos años a todos sus miembros.

Tormento

Fue hasta 2008, cuando un vecino alertó de la situación anormal que se vivía en la casa de los González en Pie del Cerro, Ocotepeque, que se conoció el tormento que se vivían en la humilde vivienda: un padre que era verdugo de su hija y sus hijas-nietas. LA PRENSA investigó y constató lo que ocurría.

El hombre mantenía encerradas a las criaturas, no les permitía ir a la escuela ni hablar con vecinos. Su alimento diario era tortilla con sal.
Pie del Cerro es un pueblo ubicado a ocho kilómetros de Ocotepeque, un lugar de difícil acceso, donde la pobreza domina el paisaje. Los González no son la excepción. Ellos son parte de los miles de hondureños que viven con menos de un dólar diario (19 lempiras).

Los hijos-nietos de Manuel nunca fueron a la escuela, nunca se les puso una vacuna, no conocían la gente y mucho menos sabían que los vehículos existían.

Su rutina estaba marcada por la violencia; el cuerpo de Blanca lleva cicatrices de quemaduras y golpes producto del tormento que vivió con su padre.

A eso se suma la impotencia de ver el abuso hacia sus hijas, tanto, que los atropellos constantes se volvieron parte de la rutina en sus vidas.

En junio de 2008 cuando fueron rescatadas por las autoridades, la escena fue más que reveladora. La Fiscalía llegó en el momento en que Manuel González abusaba de Ondina, la joven que ahora tiene 15 años.

Los investigadores desenfundaron sus armas e hicieron disparos al aire. El psicólogo forense Óscar Aguilar recuerda ese momento, la imagen dio vueltas en su mente durante varios días.

“Éste fue un caso que nos impactó, la escena que encontramos fue muy fuerte. Realmente, de todos los casos que hemos llevado, éste, en lo personal, me marcó. Ahora que vemos que gracias a LA PRENSA la familia ha logrado tener el apoyo de una casa refugio en Santa Rosa de Copán, puedo decir que me puedo morir en paz”, dijo Aguilar.

El caso fue publicado por primera vez el 27 de agosto de 2008 en LA PRENSA, desnudando la cruda realidad que muchas familias de las zonas rurales enfrentan a diario.

Al momento en que la Fiscalía corroboró el delito, el hombre fue detenido y las menores enviadas a un refugio; pero los recovecos legales llevaron a Manuel de vuelta a casa, ya que pasaba los 60 años de edad y tenía derecho a permanecer en “casa por cárcel” hasta su juicio. Las muchachas volvieron también, vecinos y gente solidaria que leyó el caso lograron construirles una vivienda en la aldea, y así dejaron el refugio.

Después de dos años que el hecho fue publicado, LA PRENSA regresó para conocer los avances.

Llegamos el 23 de mayo y el fiscal asignado informó que el juicio en contra de Manuel González se desarrollaría en una semana.

Lea: Blanca cuenta sus 20 años de terror

Decidimos viajar hasta Pie del Cerro y llegar a la vivienda de Blanca y sus hijos. Las encontramos en total abandono, despeinadas, alejadas del mundo y sin alimentos. Su situación era precaria y seguían bajo las amenazas e influencia de su verdugo.

Los vecinos aseguraban que las mujeres eran intimidadas por un hermano de Blanca y por el propio abusador, quien se encontraba en arresto domiciliario en la antigua casa de la familia, a unos tres kilómetros del nuevo hogar de sus víctimas. Debido a la falta de personal, no había un custodio asegurando que cumpliera el arresto y él aprovechaba para amenazarlas, asegurándoles que no estarían allí para ir al juicio.

Ante la denuncia de los vecinos y con apoyo del Ministerio Público, Blanca y sus cuatro hijos fueron trasladados nuevamente a Ocotepeque y de ahí a la Casa Hogar en Santa Rosa de Copán.

Los niños iban felices, era el primer paseo en carro de su vida. Allá fueron recibidos por la directora en la casa hogar.

El juicio

El Tribunal de Sentencia de Santa Rosa de Copán se trasladó hasta Ocotepeque para celebrar el juicio oral en la sala de juicios de los juzgados de esa ciudad en el caso de Blanca González y sus hijas.

Hasta allá llegó el imputado Manuel de Jesús González, quien iba con su cabestrillo, lucía sereno y resignado a la decisión que tomaran los togados.

A las diez de la mañana y después de un acuerdo entre el defensor público y el fiscal del Ministerio Público, el Tribunal deliberó y lo encontró culpable. Fue sentenciado a pasar 15 años en prisión. González ya se encuentra recluido en el centro penal de Ocotepeque.

Una nueva vida

A sólo pocos kilómetros del Juzgado, cinco vidas intentan recuperar lo que su propio padre les robó: la sonrisa, la alegría, la oportunidad de sobrevivir.

A través de la Casa Hogar han comenzado un proceso de orientación psicológica, reciben atención médica y Toñita está en manos de especialistas que le ayudan con sus problemas de deformaciones congénitas. Blanca tiene un problema mental, producto de la ola de vejámenes que sufrió al lado de su padre-marido. Ondina es la que mejor se ha adaptado al cambio y ahora sonríe.

Los más pequeños: Salvador y Flor de María reciben terapias de lenguaje y ya aprenden sus primeras letras con las trabajadoras sociales de la casa hogar que los han apoyado desde su llegada. Pero esta ayuda es temporal, pronto deben volver a su realidad y regresar a Pie del Cerro para empezar su vida fuera del infierno. Gracias a la colaboración de los vecinos de Ocotepeque, ahora la familia tiene un techo adonde vivir; sin embargo, sus limitaciones son extremas, la falta de generación de ingresos las hace pasar muchas necesidades: falta de alimentos, vestuario, camas, y demás. Como su vida fue en cautiverio no aprendieron a trabajar y enfrentar la vida. No hay empleo, no saben cómo enfrentar su realidad y por eso la ayuda que las personas u organizaciones les brinden es vital para que solas puedan enfrentar la vida.

Flor y Salvador comenzarán la escuela el próximo año, están soñando con un mundo mejor, con la posibilidad que su destino no sea igual al de sus hermanas que vivieron bajo el yugo que las tuvo su padre. Por ahora la Casa Hogar está capacitando a Blanca en cursos de panadería para que en la comunidad pueda elaborar pan y venderlo, los recursos que genere le servirán para sostener a sus cuatro hijos. La luz parece llegar a la vida de esta familia, por fin han encontrado el apoyo que un degenerado les negó y han encontrado la solidaridad de muchas personas que desde que conocieron su caso no dudaron en colaborar y cambiar la vida de Blanca y sus hijos.

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Manuel González fue condenado a 15 años de prisión por violación especial.
Manuel González fue condenado a 15 años de prisión por violación especial.

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