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Zelaya sale… “con la cola entre las patas” de México

Diarios mexicanos publican las severas críticas de diversos sectores ante el desplante del ex presidente al gobierno de Felipe Calderón
08.08.09 - Actualizado: 08.08.09 09:39am - Redacción: redaccion@laprensa.hn



Ciudad de México,

México

Como un “traidor” e “ingrato” han calificado diputados y senadores al ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, por su desplante al mandatario Felipe Calderón al referirse al dirigente opositor de izquierda Andrés López Obrador, incidente recogido por la prensa mexicana con frases críticas como la publicada por El Universal: “Dejó el país medio con la cola entre las patas y sin más gestos”.

Durante un encuentro el miércoles con simpatizantes de izquierda, Mel dijo que “en estos países es mejor sentirse Presidente que serlo.

Y eso se lo digo a López Obrador que está escuchando”. Estas palabras irritaron al gobierno de Calderón, quien lo había recibido con honores de jefe de Estado, mientras los simpatizantes de Obrador cambiaron los abucheos por vivas.

Diputados y senadores repudiaron la actitud del ex mandatario, que calificaron de “ingrata y traicionera”, señalando que “el chavista mordió la mano a quien le tendió un pan”.

El incidente reabrió la vieja herida de las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2006, en que Calderón fue dado por vencedor por apenas 0.56% de los votos, en un escrutinio que López Obrador denunció como fraudulento.

Condenan declaraciones

Diputados del PAN condenaron las expresiones de Zelaya. Héctor Larios, coordinador de los diputados del PAN, señaló que no es el tipo de comentarios que se esperan de quien está agradecido por el buen trato y las cortesías recibidas durante su estancia en el país.

“Me parece que es una enorme descortesía de alguien que ha sido tratado, por todas las instancias de gobierno, con enorme cortesía. Me parece que no es propio de una persona agradecida esos comentarios”, dijo.

¿Debería rectificarse Zelaya?, se le preguntó, aunque el miércoles, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, Zelaya aseguró que nunca fue su intención elogiar a López Obrador y que simplemente se trató de una “cita histórica”.

“Creo que lo dicho ya lo expresó. Me parece que simplemente hay que notar que es una descortesía”, insistió Larios.

El diputado Gerardo Priego calificó como grosera la actitud de Zelaya y señaló que deja en evidencia que está queriendo decir, dependiendo del encuentro que tenga, lo que los asistentes quieren escuchar.

“Es grosero e imprudente. él no puede creerse la reina de la primavera. Si se le recibió de la forma en la que lo hizo el presidente Calderón y los otros órganos de gobierno, como la Comisión Permanente, es porque condenamos un golpe de Estado”, sostuvo.

Priego dijo que él no aprueba la forma de gobernar de Zelaya, pero que mostró su apoyo durante la visita del hondureño.

El PRI, en voz de Beatriz Pagés, indicó que el ex presidente es oportunista, ingenuo y falto de congruencia.

“Cómo es posible que venga a reconocer a quien es el adversario político más importante de quien le abrió las puertas y lo reconoció como un jefe de Estado”, declaró.

El reconocimiento a Obrador muestra oportunismo, ingenuidad política y falta de forma política, agregó.

Lo calla el Estado Mayor

“Zelaya abandona México en silencio” tituló El Universal al referirse a que nadie llegó a despedirlo al aeropuerto. El resto de medios de comunicación tampoco ha dejado pasar desapercibido el desplante.

Según reportes periodísticos, Calderón lo “invitó diplomáticamente” a seguir su gira, y ordenó al Estado Mayor Presidencial, EMP, que trasladase inmediatamente a Zelaya al hangar presidencial y le prohibiera acercarse a los medios de comunicación que insistían en entrevistarlo para que aclarase la ofensa al mandatario.

Zelaya, quien estuvo tres días en México, llegó al hangar escoltado por unos 50 elementos del EMP.

Curiosamente, Calderón regresaba de su gira por el estado de Tamaulipas y estuvieron a unos pocos minutos de coincidir en el hangar.

El presidente mexicano, al descender del avión, no emitió declaraciones. Se veía muy molesto. Fue tal su indignación que ordenó al EMP que “invitara” inmediatamente a Zelaya a apresurar sigilosamente su salida del país.

El Estado Mayor Presidencial quitaba de una puerta de cristal del salón de protocolo a Zelaya que lo separaba de los medios de comunicación, pretendiendo explicar su discurso; sin embargo, al pedir que le abrieran la puerta le fue negado rotundamente.

Necio Zelaya les decía con señas a los periodistas que los atendería por otra puerta, la principal, pero sucedió lo mismo: la orden presidencial era prohibirle todo contacto. Los medios de comunicación aztecas reportan que, “visiblemente desencajado”, Zelaya fue subido casi a empujones al avión que lo regresaría a Managua, Nicaragua.

“Calderón debió también tomar en cuenta sin duda que Zelaya empezó en México a cuestionar al presidente Barack Obama que estará este fin de semana en nuestro país, acusándolo de no haber detenido el supuesto golpe de estado, que no lo fue, sino una revocación de mandato por querer chavetizar a Honduras”, según TV Mundo.

Por cierto un reportero alcanzó a gritarle: “ No tiene la culpa el indio ensombrerado, sino quien lo hizo compadre”. Entonces Mel optó por utilizar su celular y después posó para que le tomaran fotos con sus colaboradores, entre los que estaba su embajadora de Honduras en México, Rosalinda Bueso, y el embajador de México en Honduras, Tarsicio Navarrete.

Como no se logró el contacto con Zelaya, su ex ministro de la Presidencia, Enrique Flores Lanza, dijo que tenía que participar en los actos oficiales preparados para su despedida, que forman “parte del protocolo”. Antes de abordar el avión que le prestó Venezuela, Flores resaltó que en su estadía no gastaron “ni un peso mexicano”, ya que el pueblo, por conducto del Gobierno, les brindó seguridad, alojamiento y alimentación.

Proveniente de Reynosa, Calderón arribó después de las cuatro de la tarde al hangar y abordó un helicóptero para dirigirse a la residencia oficial de Los Pinos.

Minutos después llegó Zelaya pero, a diferencia de las épocas en que sus antecesores aprovechaban alguna coincidencia para despedir a sus invitados, esta vez no ocurrió así. Zelaya partió de México a las 4.45 pm con destino a Managua.

Según un boletín emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores, SRE, Zelaya tuvo una plática con la canciller Patricia Espinosa en la cual negó haber hecho las declaraciones, pero el claro apoyo a Obrador consta en audiograbaciones que fueron difundidas en noticiarios de radio y televisión.

Ese apoyo se dio en la intervención que tuvo durante la jornada de solidaridad con Honduras, cuando Zelaya recordó una anécdota de Víctor Raúl Haya de la Torre, antiguo candidato presidencial de Perú. La canciller “agradeció las gestiones para aclarar estas afirmaciones”.

Columna “Bajo reserva” de El Universal

“Manuel Zelaya se acercó a una puerta de cristal que lo separaba de la prensa. Quería hacer declaraciones, despedirse. El Estado Mayor Presidencial, que trabaja directamente para el jefe del Poder Ejecutivo, no se lo permitió.

Con señas, como pudo tras los cristales, dio a entender a los reporteros que iría a la puerta principal para dialogar, pero el personal de seguridad tampoco se lo dejó. Y así, en silencio, medio con la cola entre las patas y sin más gestos, dejó el país. Antes de su partida, el presidente depuesto de Honduras habló con la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, para negar que hubiese apoyado a “algún ex candidato presidencial”.

“Rechazó de manera contundente dichas declaraciones”, dijo.

Si Zelaya negó lo dicho, no fue suficiente para que le perdonaran que el miércoles expresó, en referencia a Andrés Manuel López Obrador, que “a veces es mejor sentirse Presidente que serlo”, luego de un acogimiento de dos días del presidente Felipe Calderón.

Zelaya pudo ser acusado de injerencista porque, como se lo escribimos aquí, sí dijo lo que dijo aunque diga que no lo dijo. Está grabado.

Zelaya pudo ser acusado de involucrarse en asuntos internos del país. Pero no fue así: simplemente le dieron un portazo elegante, de cristal”.

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Las declaraciones de Manuel Zelaya en México han sido cuestionadas por la clase política mexicana.
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