Nicaragua
El vicepresidente de Nicararagua, Jaime Morales Carazo, reconoce que su gobierno ha sido tolerante ante las desafiantes e imprudentes actitudes del quien considera un huesped muy especial: Manuel Zelaya Rosales.
Sin embargo, aunque la comunidad internacional y los organismos lo vean como presidente legítimo de Honduras, Morales Carazo afirma que Zelaya ya debe reconocer que fue derrocado y que el Gobierno de Honduras ahora lo dirige Roberto Micheletti.
La entrevista publicada ayer en El Nuevo Diario de Nicaragua expone el sentir del segundo al mando, después de Daniel Ortega.
¿Por qué Nicaragua está en medio de este conflicto?
El apoyo entre Nicaragua y Honduras en situaciones como ésta no es nuevo. Más recientemente en las décadas de los 70 y de los 80, Honduras brindó hospitalidad tanto al Frente Sandinista en un tiempo, como a la Contra en otro, es decir, se trata de los dos países que han tenido más estrechas vías de comunicación de ida y vuelta en ese sentido.
¿El comportamiento del presidente depuesto de Honduras en Nicaragua ha sido el más correcto?
Creo que tanto el huésped como el anfitrión deben observar ciertas reglas mínimas de comportamiento en cuanto al respeto y la prudencia.
Creo que todas las fronteras son explosivas por muy hermanos que seamos, y a veces pueden producirse fricciones; y como hombre prudente, yo nunca fumaría cerca de un barril de pólvora, porque cualquier chispa puede encender las cosas voluntaria o involuntariamente.
¿Cómo califica las manifestaciones públicas y llamados a insurrección?
El hecho de que en el territorio nacional se hagan manifestaciones públicas de orden político, pues es una tolerancia del Gobierno anfitrión con el huésped muy especial, un huésped al que la comunidad internacional le da estatus de Presidente legítimo y constitucional de su país, y ahí encontramos la contradicción entre lo que es el entorno internacional y el local. Creo que hacer llamados de violencia o insurrección no son apropiados, y menos desde la zona fronteriza, que es por naturaleza explosiva y peligrosa.
¿Es Zelaya el presidente de Honduras o no?
La verdad es que es una situación ambivalente, y yo por la posición que tengo debo asumir lo que dicen los organismos internacionales y lo que dice el Gobierno de mi país: que es el Presidente constitucional. Pero como hombre pragmático, la situación de hecho contradice a la de derecho, él no es el presidente de Honduras, quien está al mando es el señor Roberto Micheletti.
¿Por qué da la sensación de que la crisis ahora es nicaragüense también?
El problema de los hondureños que lo resuelvan ellos, pero cuando vos tenés vecinos y uno de ellos está en llamas --que no es el caso--, pues vos tomás tus medidas también, y si el vecino es tu cuate, tu amigo, tu camarada, tu socio, pues le brindás la mayor cooperación que podás.
En este caso, estamos hablando de un huésped de honor con un estatus indefinido e impreciso, pero que considerás que él es Presidente constitucional del país vecino, pues se pueden tener ciertas licencias y otras consideraciones con él.
¿La lucha de Zelaya por volver al poder es real o es un show mediático?
Creo que en todo este tipo de conflictos y de luchas, incluso en la que los nicaragüenses tuvimos en el pasado, un altísimo componente de peso es el elemento mediático. En este caso no te puedo decir que se trata de un show, porque yo creo que él en realidad quiere regresar al poder en su país, pero es casi imposible que eso ocurra, porque la situación de hecho se ha impuesto.
La propuesta del presidente Óscar Arias planteó una salida, ¿cómo la valora?
Yo creo que la propuesta del presidente Arias fue un error garrafal, porque un mediador o facilitador no hace propuestas públicamente. Yo fui jefe negociador de la Contra y los facilitadores eran el cardenal (Miguel) Obando y el secretario de la OEA, Joao Baena Suárez, quienes nunca hicieron propuestas, sólo facilitaron, porque las propuestas salen de las partes.
Nunca un mediador puede poner plazos fatales ni proponer desde su óptica una salida a una situación en la que están en litis dos ajenos.
No dudo de la capacidad ni de la buena voluntad del presidente Arias, pero técnicamente fue un error.
